César Millán, un reconocido entrenador canino, sostiene que los perros van más allá del cariño que les brindan sus dueños. Explicó que también responden a emociones como la tristeza, la frustración, el miedo y la confusión.
“La gente cree que los perros solo sienten amor, pero también pueden sentir tu tristeza, tu frustración, tu confusión, tu aburrimiento o tu pereza”, destacó Millán.
El especialista enfatiza que los perros no necesitan que un humano verbalice sus emociones. Su habilidad principal es la observación atenta del comportamiento humano.
Las señales que los perros más consideran incluyen:
Para Millán, esta aguda percepción explica por qué muchos perros se acercan a sus dueños cuando están tristes o permanecen más cerca en momentos difíciles.
Las afirmaciones de Millán encuentran respaldo en una investigación realizada por la Universidad de Helsinki, en Finlandia. Este estudio analizó cómo los perros observan los rostros de personas y otros perros.
Los investigadores descubrieron que los perros prestan especial atención a los ojos y ajustan su comportamiento según la expresión que detectan. Al mirar a otros perros, se concentran más tiempo en la zona ocular, mientras que en el caso de los humanos, utilizan toda la superficie del rostro para interpretar las emociones.
El estudio también reveló un hallazgo notable: frente a rostros humanos con expresiones amenazantes, los perros suelen desviar la mirada, un comportamiento que podría estar asociado a señales de apaciguamiento y a su adaptación a la convivencia con los seres humanos.
Esta combinación de observación facial, tono de voz y lenguaje corporal hace que los perros sean animales extraordinariamente sensibles al estado emocional de su entorno.
Por lo tanto, cuando un perro se acerca y se queda en silencio a nuestro lado o cambia su modo de actuar en un momento de tristeza, no necesariamente responde a una orden; a menudo, está reaccionando a las señales emocionales que logra captar.










