Cualquier hipótesis tiene cabida en el crimen de Juan José Gómez, conocido como Jotajota, un antiguo colaborador de Pillín y figura de la facción Los Guerreros de la barra de Central, que había sido estrechamente ligado al grupo Los Monos en la zona Sur de Rosario. Este caso evidencia una compleja interacción entre el mundo del fútbol, el narcotráfico, las actividades ilegales de las fuerzas de seguridad y la realidad de que muchos barras son realmente hinchas del dinero.
La información inicial indica que Jotajota fue asesinado en la madrugada en el barrio Itatí. A las 23 horas, mientras llegaba a un complejo de departamentos en la calle Garibaldi al 2400, fue interceptado por dos individuos que se bajaron de un Peugeot oscuro, quienes le dispararon sin aviso. Los vecinos alertaron a la Policía y se solicitó una ambulancia. A pesar de los esfuerzos médicos en el hospital Clemente Alvarez, su vida llegó a su fin.
Detrás de este acontecimiento trágico se oculta una historia compleja con múltiples conexiones dentro de la problemática social de Rosario. A menos de 45 días de haber sido liberado tras pasar casi diez meses en prisión, el ataque parece no ser casual. La primera línea de investigación judicial se centra en conflictos entre barrabravas, no entre la hinchada de Central y la de Newell’s, sino por rencillas internas entre aquellos que controlan las tribunas más relevantes de la ciudad.
Esto se debe a su trayectoria pasada y su situación actual. Jotajota se había alineado desde joven con los grupos violentos de Central bajo la tutela de Pillín Bracamonte. Junto a su hermano mayor, Gamuza, lideraban una parte importante de Los Guerreros, un grupo esencial en el esquema de Pillín. Sin embargo, tras el asesinato de Bracamonte en noviembre de 2024, se pensó que Jotajota podría haber aspirado a ocupar su lugar.
Sin embargo, la realidad era más complicada. La banda competidora, Los Menores, liderada por el prófugo Matías Gazzani y acusada del doble crimen que llevó a la pérdida de control de Jotajota, lo convirtió en un blanco. Gómez decidió dar un paso atrás cuando comprendió que la lucha era desigual, permitiendo que Lautaro Laucha Ghiselli asumiera el liderazgo. Ante este cambio de poder, Los Monos, con quienes mantenía lazos, le ofrecieron unirse a la barra de Newell’s, colaborando en sus negocios junto a otro ex Guerrero, Juan Domingo Ramírez, alias Cascarita. En julio de 2025, ambos estuvieron presentes en un partido que Newell’s perdió contra Banfield, aunque esta colaboración no fue bien recibida y terminó en violencia: Cascarita fue baleado y falleció tras dos semanas de lucha por su vida.
Por otro lado, Jotajota se hallaba involucrado en una megacausa que indaga la corrupción en la Policía de Rosario, relacionada con un fraude de combustibles que alcanzó a figuras importantes. Aunque su nombre no figuraba en los documentos, se decía que tenía conocimiento de la situación y había participado en un autoatentado propuesto por Norma Acosta, una mujer vinculada al narcotráfico.
A pesar de que estuvo prófugo menos de un mes y terminó entregándose a la Justicia, Jotajota fue encarcelado hasta el mes pasado, sorprendiendo a muchos con su breve estancia en prisión. Las especulaciones en torno a su posible delación en medio del juicio contra la Policía, así como su intento de recuperar poder en Rosario Central, fueron temas de discusión y podrían haber motivado el ataque que resultó en su asesinato.
La investigación ahora recae en la Justicia, que deberá esclarecer un caso que destaca las complejas interacciones entre el narcotráfico, algunas fuerzas policiales y las barras bravas, cuya lealtad parece estar dirigida más hacia el dinero que hacia la verdadera pasión del fútbol.









