Milei anunció la nueva vocación nacional de su administración hacia Malvinas, anticipando también un refuerzo de las sanciones existentes hacia las empresas que operan en las islas. Prometió una diplomacia más activa con los países vecinos y aliados para evitar que establezcan relaciones con Gran Bretaña y las islas. Además, confirmó la continuidad en la construcción de una base naval integral en Tierra del Fuego, la cual ya había sido mencionada en 2024, y dio a conocer la formación de un Consejo de Seguridad Nacional.
Lo más relevante, sin embargo, fue su promesa de reequipar a las Fuerzas Armadas para recuperar sus capacidades operativas.
Esta propuesta resulta bien recibida en el ámbito interno, donde el tema Malvinas es altamente sensible, aunque no incluye ninguna iniciativa que pueda interesar a actores internacionales o que impulse efectivamente una negociación con Gran Bretaña.
Las expectativas de un cambio significativo habían crecido tras dos días de comentarios casi teatrales por parte de funcionarios, quienes insinuaban que “está pasando algo grande”. Estas expectativas se vieron alimentadas además por la advertencia de Donald Trump a los británicos, sugiriendo que Estados Unidos cambiaría su posición neutral respecto de las Islas Malvinas.
En lo que respecta a las sanciones, el enfoque de Milei propone castigar a toda la cadena de empresas relacionadas con las petroleras, abarcando desde sus directores hasta los accionistas, así como a aquellos que las abastecen y asesoran legalmente, y a los bancos involucrados en sus operaciones financieras. Cada uno de ellos deberá decidir entre invertir en la explotación petrolera en Malvinas o aspirar a participar en proyectos como Vaca Muerta o las actividades en el off shore bonaerense. Tras el anuncio de Milei, las acciones de Rockhopper y Navitas, las dos empresas que están a punto de iniciar la extracción de petróleo del yacimiento Sea Lion en Malvinas, sufrieron caídas en su valor. El seguimiento de la evolución de estas acciones en los próximos días y semanas ofrecerá indicios sobre la efectividad de la medida.
Aunque la reafirmación del alineamiento pleno con Estados Unidos no constituye una novedad en la política exterior argentina, lo que sí destacó fue el uso de la frase “hagamos a Argentina grande de nuevo”, adaptación del eslogan trumpista “make America great again”, lo que le aportó un matiz particular a un anuncio que no se diferencia de lo que han realizado gobiernos anteriores. Este aspecto no pareció incomodar a amplios sectores nacionalistas, quienes se sintieron gratamente sorprendidos por la nueva declaración de fe soberanista por parte de Milei.
En contraste, lo verdaderamente innovador fue el llamado civilizado a todo el arco político para unirse en esta causa.
Sin embargo, dadas las circunstancias, ¿las medidas propuestas ofrecen esperanzas reales de una futura negociación con Gran Bretaña? En principio, el retorno a lo habitual y la invocación de la causa nacional con promesas de acciones ya intentadas, que en su mayoría han demostrado poco efecto, no sugiere muchas expectativas viables. Esta estrategia, como ha sido habitual en el pasado, se presenta como un método eficaz para ganar adhesiones cuando otros aspectos de la política interna no funcionan con éxito.
Además, la hostilidad hacia los isleños siempre ha resultado en un resultado negativo; al contrario, ha llevado a fortalecer las relaciones de la población de Malvinas con países vecinos como Uruguay y Chile, que respaldan la posición argentina en foros internacionales, pero que también priorizan sus intereses comerciales cuando se presentan oportunidades, facilitando negocios de suministro y logística.
Entonces, ¿qué se podría considerar positivo en el plan propuesto? Estratégicamente, la base naval integrada en Tierra del Fuego tendría un impacto significativo, siempre y cuando sea administrada exclusivamente por Argentina. La referencia a que la base sea “integrada” implica que en un mismo complejo se podría disponer de infantería de Marina, aviación naval y flota, brindando así una capacidad operativa inmediata sin costos adicionales de logística y trasladación.
La ubicación de esta base es crucial, debido a que para cualquier actividad, ya sea militar, comercial o turística en el Atlántico Sur y la Antártida, se requiere una logística adecuada que incluya astilleros, abastecimiento y transporte. Hoy por hoy, esta infraestructura de apoyo se sitúa en Punta Arenas, Chile, en pleno estrecho de Magallanes. En contraste, una base en la parte occidental de Tierra del Fuego sería mucho más accesible y facilitaría la operatividad tanto en la zona como en la última escala antes de la Antártida. Esta ubicación conferiría una ventaja estratégica de gran relevancia para Argentina. Incluso podría ser utilizada como un apoyo turístico, más allá de su uso militar.
Otro aspecto importante es lo que mencionó el Presidente sobre el reequipamiento de las Fuerzas Armadas, que han sido prácticamente desmanteladas durante los últimos 25 años. Un país que busca ser soberano no puede darse el lujo de prescindir de fuerzas armadas profesionales y adecuadamente equipadas. Lo contrario se traduce en indefensión y en la incapacidad de hacerse respetar en su propio territorio.
No obstante, quedó pendiente la culminación del Plan Proyecto Humanitario, que implicaría el último esfuerzo para terminar de identificar a los soldados que fallecieron y fueron enterrados en el cementerio militar argentino en Darwin. Esta tarea no podrá llevarse a cabo sin un diálogo con Gran Bretaña y la colaboración de la población isleña.
En términos de los habitantes de Malvinas, Milei solo se refirió a ellos para reiterar la histórica postura oficial argentina que sostiene que constituyen una población implantada, y por lo tanto, no tienen derecho a la autodeterminación. Este cambio de enfoque representa un giro de 180 grados en comparación con su declaración previa, donde sugirió que había que esperar a que se manifestaran con sus decisiones.
Este contexto muestra que tanto la diplomacia argentina como los encargados del nuevo discurso de Milei coinciden en la necesidad de aislar y boicotear el suministro de los isleños, a pesar de que esta estrategia no ha demostrado ser efectiva en los últimos 44 años.
No reconocer a los isleños como parte del conflicto puede ser considerado una estrategia válida; no obstante, asumir una actitud hostil es lo contrario de lo que históricamente ha funcionado. Además, el hostigamiento hacia un pueblo de 3,600 habitantes por acciones realizadas por sus antepasados hace 200 años no deja bien parado al país en la arena internacional. Los argentinos que viven en el continente tampoco son responsables de las acciones de Galtieri, y esto no implica que se deje de reclamar por la usurpación de 1833.
Por otra parte, las declaraciones de Donald Trump a un medio británico, donde menciona haber estado “en la primera guerra” por Malvinas y sugiere que quizá no apoyará a Londres si Argentina intenta invadir nuevamente las islas, no ayudan a mejorar la situación. Es importante que alguien le haga saber a Trump que lo último que el país necesita es que el mundo crea que Argentina tiene intenciones de volver a las islas por la fuerza. Es de público conocimiento que Argentina carece de la capacidad militar necesaria para llevar a cabo tal acción.
Además, la situación actual es muy diferente a la de 1982; no existen los militares que creían que Estados Unidos favorecería a Argentina en detrimento de su aliado histórico. Esa situación no ocurrió en el pasado y no parece probable que suceda en el futuro, independientemente de quién esté en el poder.










