Para comprender la situación, es importante distinguir entre dos tipos de tasas. Las tasas pasivas son aquellas que los bancos ofrecen a quienes depositan dinero —el plazo fijo es el caso más común—. Por otro lado, las tasas activas son las que los bancos aplican al otorgar préstamos: estos incluyen créditos personales, adelantos en cuentas corrientes y pagos a plazos de tarjetas de crédito. La diferencia entre ambas, conocida como spread, representa el margen operativo del sistema financiero, que normalmente reflejaría el riesgo crediticio, los costos asociados y las ganancias de los bancos.
A lo largo de las últimas semanas, esta dinámica se ha visto alterada. La tasa Tamar, que se aplica a los depósitos mayoristas —un indicador del costo del fondeo del sistema—, ha disminuido del 35% en la segunda quincena de enero al 22,5% actual, en una caída rápida y pronunciada.
Las tasas activas, por su lado, apenas han retrocedido: los créditos personales han pasado de 68% a 65,5%, una reducción marginal que no puede considerarse como un abaratamiento real.
“Lo que está ocurriendo es que la flexibilización de la política de encajes se traduce en una baja de las tasas pasivas, dado que los bancos están remunerando menos los depósitos, pero no está generando una disminución en los costos de los créditos”, comentó Matías Rajnerman, economista jefe del Banco Provincia. “Si bien la expansión del crédito al sector privado sigue siendo un objetivo, no se refleja en la realidad”, añadió.
La consultora 1816 ha respaldado esta observación con datos concretos. “En abril, los préstamos en pesos al sector privado cayeron en términos reales durante cuatro meses consecutivos”, advirtieron, y precisaron que “la tasa de préstamos personales de entidades financieras promedió 68,3% en los dos primeros días hábiles de mayo, prácticamente igual que en enero y febrero, cuando la tasa overnight todavía presentaba una alta volatilidad”.
Una de las causas de esta situación es, en parte, la morosidad. La tasa de irregularidad en el crédito a hogares alcanzó el 11,5% en marzo, el nivel más alto desde 2004, después de haber crecido casi cinco veces desde octubre de 2024, cuando se situaba en el 2,5%. Ante este deterioro, los bancos tradicionales han respondido con mayor selectividad: en lugar de aumentar las tasas para compensar el riesgo, han optado por reducir los límites de crédito y endurecer las condiciones para otorgar préstamos.
Los prestamistas no tradicionales —como billeteras virtuales y otras entidades no reguladas— han seguido una dirección opuesta, elevando las tasas para protegerse.










