El búnker argentino se convirtió rápidamente en un centro de atención mediática, donde los rumores dieron paso a las confirmaciones oficiales. Nicolás González, jugador clave en la alineación táctica, se encontraba lidiando con problemas de salud. “Tras el entrenamiento de hoy, el futbolista Nicolás González sufrió una lesión muscular y quedará desafectado de la nómina mundialista. En su reemplazo, el cuerpo técnico de Argentina convoca a Ángel Correa”, anunció la selección en un comunicado breve.
Sin tiempo que perder, Ángel Correa, quien había estado al borde de quedarse fuera en el último corte, recibió la llamada en Rosario que cambiaría su destino. Pero el proceso de ajustes no se detuvo ahí. Apenas 45 minutos después, estalló otra noticia inesperada: “El jugador Joaquín Correa también será desafectado de la convocatoria mundialista por lesión. El reemplazante será informado en las próximas horas”. La respuesta no se hizo esperar y fue Thiago Almada quien asumió el desafío.
Las razones detrás de estas decisiones revelan el contexto que motivó a Scaloni. Joaquín Correa ya había arrastrado problemas físicos que lo habían mantenido fuera del amistoso previo contra Emiratos Árabes. Durante su primer entrenamiento en suelo qatarí, el cuerpo médico diagnosticó una “lesión muscular bíceps femoral izquierdo”. El entrenador ya había previsto la posibilidad de ajustes en la lista de convocados: “Es verdad que hay algunos que no jugaron por precaución y porque tenían alguna molestia… Hay posibilidad de cambiar la lista de 26. Depende de la evolución de los lesionados. Ellos son bastante grandecitos como para decir si están en condiciones de seguir o no”.
Esa advertencia se convirtió en una realidad. Scaloni fue claro: “Tampoco digo que vayan a salir de la lista. Es evidente que hay jugadores que no están bien y han quedado hoy afuera de la convocatoria porque no estaban aptos para jugar o corrían algún riesgo”. Aunque no mencionó a González, Cuti Romero y Marcos Acuña, la atención en los medios se centró en ellos, con González siendo el primero en dejar la concentración.
El caso de Joaquín Correa fue igualmente frustrante, ya que había marcado un gol en el amistoso anterior, pero luego sintió un dolor agudo. Las lesiones previas habían complicado su inclusión: había tenido molestias en el tendón de la rodilla izquierda en octubre que lo mantenían bajo observación. Aunque parecía haber superado esas dificultades, las exigencias del entrenamiento durante el Mundial reavivaron sus problemas. El diagnóstico de la AFA fue contundente: “Tendinitis aquiliana pierna izquierda”. En la tranquilidad de la madrugada qatarí, el cuerpo técnico decidió actuar: entraban Ángel Correa y Thiago Almada.
Para Ángel Correa, esta convocatoria fue una segunda oportunidad. Integrante del exitoso ciclo de Scaloni y habitual del equipo del Cholo Simeone, recibir la noticia de quedar fuera de la lista original lo impactó. “Siento una tristeza enorme”, confesó en Rosario. Sin embargo, encontró apoyo en su familia y se preparó para aprovechar su chance. Por su parte, la historia de Almada fue todo un símbolo de perseverancia. Al hacerse la noticia, llamó a su padre, que ya viajaba hacia Medio Oriente, ya que el Mundial era su obsequio por el Día del Padre. Mientras que en Ezeiza sus amigos celebraban, Thiago se preparaba para abordar el vuelo que lo llevaría a Doha.
Las comunidades de Ciudadela Norte y Las Flores en Argentina estallaron de euforia al saber de la inclusión de estos jugadores. En el aeropuerto de Ezeiza, Thiago y Ángel se encontraron y juntos abordaron el avión que, un mes después, los llevaría a la cima del mundo.










