La tasa de crecimiento proyectada para Argentina supera el promedio previsto para América Latina y el Caribe, que es del 2,4% para 2026, con un ligero aumento a 2,7% en 2027.
El pronóstico del FMI para Argentina es más optimista comparado con las estimaciones de consultoras privadas. Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, se prevé un incremento del PBI del 3% para este año, lo que representa medio punto porcentual menos que la estimación del organismo internacional.
En la región, para Brasil —considerado el principal socio comercial de Argentina— se calcula que la economía mostrará “resiliencia” en el corto plazo, con un crecimiento proyectado de 2,4% para este año, mejorando en 0,5 puntos respecto al informe del FMI de abril, aunque se espera una desaceleración moderada a 2,2% en 2027.
México, por su parte, con una leve aceleración impulsada por políticas internas menos restrictivas, contempla un crecimiento del 1,2% en 2026 y del 1,9% en 2027. Sin embargo, estas cifras reflejan recortes de 0,4 y 0,3 puntos porcentuales en relación a las estimaciones de abril, ya que “la incertidumbre continúa limitando la actividad económica”.
El FMI prevé que el crecimiento global se ubique en 3% para el corriente año y en 3,4% para 2027, lo que implica una desaceleración en comparación con la media de 2024-2025, que fue de 3,5%.
El organismo menciona que la economía mundial enfrenta dos fuerzas contradictorias: un shock de oferta negativo por la guerra en Medio Oriente y un impacto positivo gracias a los avances tecnológicos asociados a la inteligencia artificial.
Además, indica que el proceso de desinflación iniciado en 2024 se ha detenido temporalmente, y estima que la inflación global suba del 4,1% en 2025 al 4,7% en 2026, antes de descender al 3,9% en 2027, influenciada por el incremento de los precios de alimentos y energía.
El FMI subraya que los riesgos permanecen en una tendencia a la baja, considerando un posible recrudecimiento de las hostilidades en Medio Oriente, la volatilidad de las materias primas, la fragmentación comercial y las eventuales correcciones en las valoraciones financieras de los sectores tecnológicos.
El informe señala que las condiciones financieras siguen siendo favorables, respaldadas en parte por las sólidas ganancias de las empresas del índice S&P 500, pero advierte sobre amenazas a la estabilidad macrofinanciera.
Menciona también que el persistente shock energético obligó a los bancos centrales a aumentar o mantener elevadas sus tasas de interés, lo que ha incrementado los rendimientos a largo plazo y las tensiones de refinanciamiento.
Por otro lado, menciona una alta concentración en acciones asociadas a la inteligencia artificial en mercados como Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y Taiwán, enfatizando que un ajuste en las expectativas de rentabilidad podría provocar tensiones en el mercado, afectando el consumo privado y endureciendo las condiciones financieras globales.
El elevado nivel de deuda pública también expone a los mercados soberanos a preocupaciones sobre su sostenibilidad. En este contexto, el FMI recomienda que la prioridad de las políticas económicas globales se enfoque en restaurar la estabilidad de precios, reconstruir amortiguadores fiscales y fomentar reformas estructurales que aseguren la seguridad energética y preparen el terreno para la inteligencia artificial.
Finalmente, destaca que el mercado energético mundial ha sido severamente impactado por la guerra en Medio Oriente, aunque los recientes acuerdos diplomáticos han contribuido a suavizar los picos de precios. Se proyecta que el índice de precios spot del petróleo alcance un promedio de $89 por barril en 2026, un aumento del 32% respecto de 2025. Para 2027, los contratos a futuro estiman una reducción a $78,70 por barril. En cuanto al gas natural, se prevé que el precio de referencia europeo se eleve a $15, marcando un incremento del 22% anual, en medio de aumentos significativos desde el inicio del conflicto en Asia y Europa. El informe también señala que el aumento en los precios de la energía ha impulsado una proyección del 26% en fertilizantes y del 8% en alimentos, lo que representa una amenaza para la seguridad alimentaria a nivel global.










