El informe, con datos actualizados hasta el 11 de septiembre, combinó la información proveniente del Centro de Predicción Climática de Estados Unidos con datos del Servicio Meteorológico Nacional, la Bolsa de Comercio de Rosario, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el INTA y entidades provinciales. El principal cambio con respecto a agosto es un aumento de seis puntos porcentuales en la probabilidad de que El Niño alcance una categoría excepcional.
Específicamente, se estima un 75% de probabilidad de que el índice RONI trimestral sea igual o mayor a +2,5 °C entre octubre y diciembre, un valor que el informe asocia con la “posibilidad de intensidad sin precedentes desde 1950”. Además, se espera que el fenómeno se mantenga en la categoría “muy fuerte” con una probabilidad que supera el 90% hasta el trimestre noviembre-enero. Esta probabilidad disminuye al 75% para diciembre-febrero y al 39% para enero-marzo, sugiriendo un posible debilitamiento del fenómeno hacia finales del verano.
Los registros de agosto ya reflejaron un calentamiento significativo en el Pacífico. El índice Niño 3.4 alcanzó +1,8 °C, mientras que el índice Niño 3 llegó a +2,5 °C y el Niño 1+2 a +3,4 °C. También se observaron señales atmosféricas alineadas con este fenómeno. El documento indica que “la coincidencia océano-atmósfera confirma un fenómeno acoplado”. Sin embargo, aclara que “una mayor intensidad no garantiza impactos más severos en todas las áreas”, pues también influyen otros factores atmosféricos.
Para el sector agropecuario argentino, las proyecciones climáticas indican que durante diciembre, enero y febrero las precipitaciones superarán los valores normales en el centro y este del país, así como en Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.
Por otro lado, se prevé un déficit significativo de lluvias en el centro y norte de Brasil. El informe destacó que este patrón “respaldaría una campaña argentina con adecuada provisión de agua”, aunque también “incrementa el riesgo de excesos, tormentas, inundaciones y complicaciones logísticas”.
En lo que respecta a la primavera, el escenario es variado. El pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional para septiembre-noviembre indica altas probabilidades de lluvias superiores a lo habitual en el norte del Litoral, oeste de Cuyo, La Pampa y sudoeste bonaerense. En contraste, el centro-oeste de Formosa, Chaco y algunas áreas del este de Salta y Santiago del Estero prevén valores normales, mientras que en el NOA la tendencia es que las precipitaciones sean normales o inferiores a la media.
Este escenario anticipado contrasta con la situación actual en una de las principales regiones agrícolas. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, hasta el 10 de septiembre, el 70% de los suelos de la región núcleo presentaba condiciones de escasez o sequía, mientras que solamente un 30% mostraba reservas adecuadas. En el oeste se requerían al menos 20 milímetros de lluvia para continuar con la siembra del maíz temprano, específicamente en localidades como Marcos Juárez, Carlos Pellegrini y el noroeste bonaerense.
El trigo también demanda humedad de manera urgente. Aunque el 75% se clasificó entre condiciones excelentes y muy buenas, esta cifra es 15 puntos porcentuales inferior a la del año anterior, y un 5% de los lotes ya se encuentran en condiciones regulares. Los especialistas de la Bolsa han señalado que es crucial una precipitación generalizada antes del 20 de septiembre para asegurar el potencial de rendimiento.
Por lo tanto, el informe advierte que no hay contradicción entre la falta de agua actual y la perspectiva de una campaña húmeda. “Se pueden coexistir sin contradicción una perspectiva estacional húmeda y un déficit agronómico urgente en septiembre”, argumentó. La lluvia necesaria en las áreas más secas en este momento podría transformarse más adelante en un inconveniente en aquellos lugares que acumulen sucesivos eventos y alcancen niveles de saturación.
Para el maíz, un fenómeno de El Niño muy fuerte podría potenciar la producción nacional si las lluvias se consolidan antes del periodo crítico. Sin embargo, el desafío inmediato radica en la siembra temprana: el oeste aún presenta sectores con humedad insuficiente. Por eso, el informe sugiere diversificar las fechas de siembra y los ambientes, evitando una siembra exclusivamente basada en el calendario cuando los perfiles de suelo no poseen la humedad necesaria.
En soja, una mayor frecuencia de lluvias durante diciembre, enero y febrero puede ser beneficiosa para la fijación de vainas y el llenado de granos. Sin embargo, lluvias excesivas podrían reducir la radiación solar, fomentar enfermedades y ocasionar anegamientos. El informe aconseja no concentrar toda la superficie sembrada en una única ventana fenológica y diversificar las fechas y grupos de madurez.
Cabe destacar que un fenómeno de El Niño intenso incrementa la probabilidad de precipitaciones concentradas en pocas horas, granizo, ráfagas fuertes y una alta variabilidad entre zonas. Esto puede llevar a la saturación de suelos, inundaciones, deterioro de caminos rurales y accesos a plantas y puertos, así como a un aumento en la presión de enfermedades en los cultivos de trigo, maíz y soja. Un trimestre con abundantes lluvias, según el análisis, podría contener semanas secas seguidas de eventos climáticos extremos.









