De acuerdo con el informe, los modelos climáticos evidencian una probabilidad excepcionalmente alta de que el fenómeno se establezca desde la primavera, generando precipitaciones superiores a lo habitual durante varios meses. En una situación similar a la de finales de los años 90, hasta un 58% del territorio provincial podría quedar bajo agua, lo que afectaría no solo a la producción agropecuaria, sino también a la infraestructura rural y a las localidades.
Los investigadores señalaron que la excesiva acumulación de agua podría resultar en pérdidas significativas de cultivos, mermas en los rendimientos, deterioro de la calidad de los granos, aumento en la incidencia de enfermedades y mortalidad de ganado. Alertaron que más de 3 millones de hectáreas que actualmente están secas podrían inundarse si se presenta un fenómeno de magnitud comparable al de hace casi tres décadas.
El análisis se basa en el último evento notable de El Niño, que tuvo lugar entre 1997 y 1998, período en el que las precipitaciones aumentaron entre un 50 y un 90% en comparación con un año promedio, y donde casi el 58% de la superficie de la provincia quedó inundada. Actualmente, esa cifra alcanza el 22%, reflejando una notable reducción de lagunas, esteros y bañados, aunque los especialistas advierten que esto no implica una disminución del riesgo.
“Todo indica que se va a desarrollar un evento de El Niño de fuerte a muy fuerte a partir de septiembre y octubre próximos. La probabilidad de que se desarrolle es altísima”, afirmó un investigador del INTA Corrientes.
El especialista aclaró que aún persiste la incertidumbre sobre la intensidad final del fenómeno, ya que otros factores climáticos pueden influir en su desarrollo. No obstante, subrayó que los pronósticos coinciden en que la región experimentará un incremento en las lluvias, y la mejor estrategia es comenzar a prepararse.
Según el investigador, Corrientes tiene una vulnerabilidad particular debido a su geografía. “La provincia es muy plana, con baja energía de relieve, cuenta con muchos esteros y unas 38.000 lagunas. En 1998 se inundó el 58% de la provincia y en la actualidad, el último monitoreo señala que el 22% está cubierto”, explicó.
Esa geografía implica que tras lluvias excepcionales, el agua se dispersa rápidamente sobre amplias áreas rurales. A diferencia de provincias adyacentes como Misiones, donde predominan las crecidas de ríos y arroyos, en Corrientes los problemas se centran en los anegamientos y encharcamientos debido a la baja pendiente del terreno.
La advertencia no se restringe únicamente a Corrientes. Un fenómeno de El Niño fuerte o muy fuerte también podría impactar en el este de Formosa, el este de Chaco y el norte de Santa Fe, así como en Entre Ríos, aunque la intensidad variará de acuerdo a las particularidades de cada región. Para estos territorios, el comportamiento de las lluvias y las cuencas será clave, mientras que en Corrientes el principal desafío seguirá siendo la rápida expansión del agua sobre su superficie casi plana.
Con este diagnóstico, el INTA, en colaboración con el gobierno provincial, ha desarrollado una plataforma digital que busca convertir la información científica en una herramienta de planificación para los productores.
Para su creación, se cruzaron los 37.300 límites catastrales de la provincia con tres escenarios hídricos: uno de mínima, otro de situación normal y un tercero que simula el comportamiento esperado del agua en caso de un evento similar al de 1997/98. El objetivo no es predecir con exactitud lo que ocurrirá, sino ofrecer elementos que permitan anticipar decisiones de manejo.
La herramienta, llamada SAEPga, permite a los productores ingresar el número de catastro de su establecimiento y visualizar las áreas más altas y bajas del campo, así como el comportamiento esperado bajo distintas proyecciones de inundación. “Generamos esa herramienta para prevenir. El productor entra, consulta su catastro y puede observar qué sectores son más altos y cuáles son más bajos; con eso puede planificar”, explicó el investigador.
Con esta información, el productor puede decidir qué zonas utilizar antes de la llegada de las lluvias intensas y cuáles reservar para trasladar la hacienda a terrenos más elevados cuando el agua lo requiera. Según el investigador, esta planificación puede ayudar a minimizar las pérdidas y facilitar la gestión durante los meses más críticos.
“Hoy podría convenerle pastorear en las partes más bajas, porque en dos, tres o cuatro meses, cuando inicie El Niño, se inundarán. La idea es que reserve los potreros más altos para después”, indicó.
El INTA también ha elaborado recomendaciones específicas para diferentes actividades productivas. En ganadería, se sugiere mejorar los dormideros, revisar alcantarillas, clasificar la hacienda anticipadamente para su venta y monitorear diariamente las predicciones y el comportamiento de los ríos. Es importante recordar que la provincia tiene uno de los mayores stocks ganaderos del país.
Para el cultivo de arroz, se aconseja extremar las precauciones en las áreas cercanas al río Corriente y a los esteros del Iberá, mientras que las empresas forestales deben planificar con antelación la extracción de madera antes de que los caminos rurales se vuelvan intransitables.
El investigador enfatizó que el objetivo no es sembrar pánico, sino utilizar la información disponible para reducir los riesgos. “Estamos previniendo, sin generar alarmismo ni miedo, pero debemos estar preparados”, afirmó.
En este contexto, subrayó que la principal diferencia con respecto al episodio de 1997/98 es la disponibilidad actual de herramientas tecnológicas que permiten una mejor anticipación. “En 1998 no contábamos con las herramientas digitales que tenemos hoy ni la anticipación adecuada. Ahora sabemos de antemano que este evento puede desarrollarse”, concluyó el investigador.
El trabajo se realiza de forma conjunta con SENASA, el gobierno provincial y los municipios, mientras se desarrollan capacitaciones y acciones preventivas para minimizar el impacto que podrían tener las lluvias extraordinarias en el sistema productivo de Corrientes. “No queda otra que prepararse. Si El Niño resulta ser menos intenso, no importa; lo más grave sería sorprender al productor desprevenido”, finalizó.










