Viajar no solo representa un momento de descanso o una oportunidad para explorar nuevos paisajes, sino que también genera un inevitable choque cultural. Este proceso de descubrimiento a menudo lleva a los turistas a comparar cada aspecto de su vida diaria con las costumbres de su país de origen. Esto es lo que le ocurrió a Kamiah Gibson, una estudiante de la Universidad de West Virginia que visitó Argentina y compartió sus impresiones en redes sociales. A través de su cuenta de TikTok, la joven estadounidense documentó su experiencia en una serie de videos que alcanzaron cientos de miles de visualizaciones, analizando los hábitos argentinos que más la sorprendieron. Uno de los primeros aspectos que llamó su atención fue el sistema de envases retornables en quioscos y supermercados. La opción de devolver botellas de vidrio vacías para obtener un descuento en la siguiente compra le pareció una excelente iniciativa. “Es reciclaje. ¿Por qué nosotros no hacemos esto?”, reflexionó en una de sus publicaciones. La experiencia en las estaciones de servicio también la sorprendió. Acostumbrada al autoservicio en su país, se encontró con empleados que se encargan de cargar el combustible e incluso de verificar la presión de los neumáticos: “Además, no hay que darles propina. Me encantaría que eso fuera así en Estados Unidos cuando no quiero salir de mi auto porque hace demasiado frío”. El estilo de vida y la gastronomía local no pasaron desapercibidos. Gibson notó una clara diferencia en la condición física de las personas y en la calidad de los alimentos en comparación con su país natal: “Todos están en forma en Argentina”, afirmó, al mismo tiempo que añadió: “Probé la mantequilla de maní aquí y se siente más saludable que en Estados Unidos”. También le resultó interesante encontrar yogur en sachet o envases plásticos blandos en lugar de los tradicionales recipientes rígidos de vidrio o plástico. En cuanto a las interacciones sociales, la calidez del trato argentino le pareció un marcado contraste cultural. La costumbre de saludar con un beso en la cara, incluso entre personas que recién se conocen, fue algo que la impresionó: “Aquí le decís ‘hola’ a todos de esa manera. Sin importar si se trata de un extraño o no”, expresó. Al comer fuera, notó dos diferencias significativas respecto a la gastronomía estadounidense. Por un lado, la costumbre de cobrar el agua de mesa. “Te traen una fina botella a la mesa y debes pagarla”, aclaró, señalando que en su país se sirve de forma gratuita. Por otro lado, le sorprendió la poca frecuencia con la que los argentinos piden envolver lo que sobró de la comida para llevar a casa: “Honestamente, es raro”, confesó. En las calles, la policía le dejó una buena impresión. Le llamó la atención que los patrulleros circulan con las balizas encendidas, incluso cuando no están en medio de un operativo o persecución. “Me gusta porque al verlos sé cuándo debo disminuir la velocidad”, comentó. Finalmente, un aspecto que le sorprendió al pagar con tarjeta fue el nivel de exigencia al solicitar identificación personal. En un comercio de cercanía, vivió un momento particular: “Cuando fui a un quiosco, no pude comprar nada porque me pedían ver mi pasaporte”, relató. Sin embargo, destacó el respeto cívico en relación a la accesibilidad al notar que el uso de los baños para personas con movilidad reducida se respeta rigurosamente: “Nadie los utiliza a menos que se trate de alguien con discapacidad. En Estados Unidos no respetan esto”, concluyó.
Nº Edición: 98










