El mieloma múltiple es un cáncer que ataca a un tipo de glóbulo blanco denominado células plasmáticas, localizadas en la médula ósea y responsables de la producción de anticuerpos. Cuando estas células se vuelven tumorales, comienzan a multiplicarse sin control. Aun cuando en Argentina no se cuentan con datos precisos, se ha observado que su incidencia aumenta con la edad, con un pico entre los 50 y 70 años.
Por tal motivo, expertos hematólogos insisten en la importancia de estar alerta ante los síntomas, especialmente en las guardias, para lograr un diagnóstico temprano.
“Hablar de incidencia en el país es muy difícil porque no hay estadísticas tan certeras”, comentó una portavoz de la Fundación Argentina de Mieloma, que acompaña a pacientes y familiares en el proceso de esta enfermedad.
La alerta sobre los síntomas del mieloma es fundamental, especialmente para la comunidad médica, como los médicos clínicos y traumatólogos, quienes suelen ser los primeros en atender a los pacientes con esta patología. Según los especialistas, en las fases iniciales, el mieloma múltiple puede no presentar signos claros. Sin embargo, a medida que avanza, se manifiestan dolores óseos, fatiga intensa, problemas renales y “fracturas patológicas”. También es frecuente la aparición de neumonías debido al debilitamiento del sistema inmunológico.
El dolor en el cuerpo puede asimilarse a una sensación de “fiebre o tendinitis”, provocada por la interferencia del mieloma en el proceso de renovación ósea, lo que resulta en un debilitamiento óseo y en posibles fracturas.
La proliferación incontrolada de estas células puede generar hipercalcemia, que se caracteriza por un aumento excesivo de calcio en sangre, provocando sed extrema y síntomas de confusión, que pueden confundirse con un “cuadro de diabetes”.
No siempre es fácil diagnosticarlos; sin embargo, muchas veces se detecta a través de alteraciones en análisis de sangre o de orina, debido a la presencia de una proteína anormal conocida como proteína monoclonal (proteína M), que puede dañar órganos como los riñones, así como la proteína de Bence Jones, que aparece en la orina.
Para establecer un diagnóstico definitivo, es necesario realizar una punción de médula ósea para evaluar el porcentaje de infiltración con plasmocitos monoclonales (debe ser superior al 10%). Además, una radiografía de columna y huesos largos puede evidenciar lesiones líticas. Por esta razón, desde la fundación se hace un llamado para incrementar la cantidad de estadísticas sobre la incidencia del mieloma.
Aunque actualmente no existe cura y la mayoría de los pacientes desarrolla resistencia a los tratamientos, la llegada de terapias dirigidas ha modificado sustancialmente la expectativa de vida. Hace tres décadas, la sobrevida era solo de un par de años; hoy, puede alcanzar hasta 10 años después del diagnóstico.
“A pesar de que la investigación avanza con tratamientos innovadores que logran remisiones más profundas y sostenidas, estas mejoras quedan en un segundo plano si los tiempos administrativos de las coberturas retrasan el acceso a tratamientos necesarios”, agregó la portavoz.
La enfermedad presenta variaciones entre los pacientes, siendo las recaídas casi inevitables, y muchos de ellos recibirán al menos cuatro o más líneas de tratamiento. Recientemente, se aprobó un anticuerpo biespecífico, denominado elranatamab, específicamente para pacientes adultos con mieloma múltiple en recaída y refractario que hayan recibido al menos tres tratamientos previamente.
Este nuevo fármaco, producido por un laboratorio farmacéutico, ha mostrado resultados “profundos y duraderos”, además de contar con un perfil de tolerancia “manejable” y una “dosificación subcutánea conveniente”.
“Es un avance significativo para los pacientes en recaída que ya han recibido las tres principales clases de tratamientos. Los anticuerpos bioespecíficos son inmunoterapias que redirigen el sistema inmunológico, especialmente los linfocitos T, para identificar y eliminar las células del mieloma”, explicó una médica especialista en hematología.
La autorización en el país se fundamentó en datos de la cohorte A de un estudio de fase 2, que reportó una tasa de respuesta del 61%, con un 71% de probabilidad de mantener la respuesta a los 15 meses. Un hallazgo crucial del estudio fue que en los pacientes que lograron una buena respuesta tras seis meses de tratamiento, fue posible espaciar las dosis, sin disminuir su eficacia, lo que redujo la incidencia de eventos adversos severos, particularmente infecciones hospitalarias.
“Además de inducir respuestas rápidas, este tratamiento ofrece tasas de respuesta sin precedentes y permite que un número considerable de pacientes llegue a un estado indetectable de la enfermedad. Su incorporación amplía las opciones terapéuticas en Argentina y representa un paso esencial hacia la mejora de la sobrevida y la calidad de vida de los pacientes”, concluyó la especialista.










