No, respondió Gordon Gekko, quien considera que la posición de Warsh al frente de la decisión es un desarrollo muy positivo.
El periodista se interesó por conocer las razones detrás de dicha afirmación. Gekko apuntó que esto contradice la forward guidance que ya no ofrece el presidente, aunque sí está presente en las acciones de la Administración Trump.
El interlocutor planteó que se había comentado que Warsh no deseaba aumentar las tasas, pero se enfrentaba a un directorio hostil que podía obligarlo a tomar una “mala” decisión. Gekko reafirmó esta idea: “Tal cual. El retoque de tasas, siendo el primer alza en tres años, fue una iniciativa de Warsh y no el resultado de una disidencia —ni siquiera un motín interno— que no pudo controlar”.
Más adelante, se mencionó que el liderazgo de Warsh había quedado desdibujado tras las tres disidencias que surgieron en la reunión de julio. “Así fue. Pero lo más dañino fue la incapacidad de Warsh de dar una respuesta convincente sobre por qué se decidió entonces mantener las tasas sin cambios. El gobernador Waller, en una presentación del 3 de septiembre, explicó sus razones para apoyar la moción, y la reacción del mercado fue comprensiva. Waller delineó de manera extremadamente clara cuál era su función de reacción, eliminando cualquier duda. Warsh, por el contrario, no supo hacerlo. Por defecto, lo que todos conocen es el modus operandi de quienes promovieron su llegada a la Fed”.
Al indagar sobre si esos promotores eran Trump y Bessent, Gekko simplemente afirmó: “Elemental, Watson”.
El periodista entonces preguntó por qué había subido la Fed las tasas, si era porque estaba convencida de que esa era la decisión correcta o para demostrar su independencia. Gekko explicó: “El comunicado, aunque parco, es preciso: porque la inflación se mantiene elevada y porque no ve problemas alarmantes en el empleo ni en la economía real”.
Cuando se le recordó que la situación no era diferente en julio, Gekko insistió en que la decisión ya se debía haber tomado en ese entonces. “Hoy, después de haber visto los datos sobre empleo e inflación, y tras la evolución de la guerra en Irán, queda aún más claro. De allí la unanimidad. Un ajuste pequeño en este momento evitará la posibilidad de tener que tomar una decisión drástica y más corrosiva más adelante”.
Sin embargo, muchos consideran que el aumento de tasas fue un error, remarcó el periodista, sugiriendo que Warsh, al tratar de corregir la mala repercusión de su paso en falso en julio, se vio arrinconado por la situación y dejó la decisión a la suerte, dependiendo de un único dato: la inflación minorista de agosto. Y, al presentarse un número elevado, ya no había marcha atrás.
“No tiene mucho sentido tomar una decisión así por el resultado de un solo indicador”, matizó Gekko. “Eso sí sería un error grave. Pero no se tomó la decisión por un dato puntual, sino por un abundante caudal de evidencias que se acumulan desde hace meses en sucesivas oleadas de informes. La Fed se tomó su tiempo antes de actuar. Los mercados comenzaron a aumentar sus tasas en marzo. Warsh no está pecando de precipitado. Es todo lo contrario: se durmió al timón en julio y ahora recorre el camino que ya le marcaron los mercados. La tasa a dos años estaba casi un punto porcentual por encima de los fondos federales y lo que acaba de aumentar es apenas un cuarto de punto”.
A lo que el periodista replicó que la tasa a dos años había vuelto a incrementar después de la decisión. “¿No le están corriendo el arco a Warsh?”. Gekko le respondió que, por el contrario, la brecha se había reducido en 22 puntos base.
Interrogado sobre si esta decisión sería suficiente para apaciguar la inflación, el analista se mostró cauto: “Por lo que indica el mapa de puntos (sin la opinión de Warsh), se requerirá otro ajuste antes de que finalice el año. La inflación descenderá más de un punto el año que viene, según las proyecciones mismas”.
El periodista le preguntó qué opinaba personalmente, a lo que Gekko replicó: “Si eso no es así, entonces nada impide aumentar la dosis. Las tasas son flexibles. La Fed bajó tres veces en 2024 (100 puntos base) y otras tres veces (75 puntos base) el año pasado. Los mercados, hoy, esperan al menos un par de incrementos más. Pero una tregua en Irán podría hacerles cambiar de opinión. Nada está escrito en piedra”.
En relación a la falta de un pronunciamiento de Warsh sobre si este aumento sería el inicio de una serie de incrementos, Gekko advirtió: “No ofrece forward guidance. No lo olvide. No dice qué hará. Esa es su política de comunicación y tiene derecho a mantener silencio. Por ello, el mapa de puntos se ha revalorizado. Pero el tema principal no es realmente ese. Sinceramente, lo más urgente es evitar que se agrieten las expectativas de inflación. Y, en esa línea, influye enormemente que no se ponga en riesgo la credibilidad del banco central. Warsh es un crítico muy duro del desempeño de la Fed. Legó una inflación que hace cinco años y medio supera la meta oficial del 2%. Pero, al mismo tiempo, heredó una sólida credibilidad que permite que las cosas continúen sin sobresaltos. Ese activo es invaluable. Sería un daño imperdonable estropearlo”.
El periodista enfatizó que, siendo Warsh tan crítico del pasado reciente, no tenía sentido que se quedara de brazos cruzados, y que era muy delicado permitir que creciera la impresión de que la dominancia fiscal, bajo la presión de la Casa Blanca, afectara a la política monetaria.
Al mencionar al secretario Bessent, quien se abstuvo de dictar a Warsh qué debía decidir, se destacó además que era inusual que la Fed subiera las tasas ante un shock negativo de oferta como la crisis energética.
Gekko puntualizó que existía un fuerte shock favorable tanto de demanda como de oferta operando simultáneamente, gracias al auge de la inteligencia artificial. Por ello, resaltó que la Fed también había elevado la tasa real de equilibrio a largo plazo, aunque solo de 3,10% a 3,20%. “Eso se hará paulatinamente. Pero es un reconocimiento del aumento sostenido de las tasas reales de interés. No son solo las expectativas de inflación las que justifican su intervención. Ya no enfrentamos un sobrante de ahorros, el llamado savings glut, sino una demanda excedente provocada por el crecimiento extraordinario del gasto en inversión en inteligencia artificial”.
Consultado sobre la reacción de los mercados, Gekko la calificó como constructiva, aunque a cuentagotas: “Que la pendiente se aplane es una buena señal. Cuando escuchemos una mejor explicación de la decisión, probablemente por parte de los gobernadores, creo que ese efecto puede tener una potencia mayor”.
El entrevistador indagó si estaba pensando en que Jerome Powell volviera a tener voz en esta discusión. Gekko se mostró optimista: “Algún día volverá a hablar. Usted preguntó si la Fed subió las tasas porque no le quedó más remedio, y la respuesta es que sí, debía demostrar que su independencia sigue vigente. Eso indica que las dudas persisten. Los mercados desconfían. Sin embargo, las razones para elevar las tasas son claras y, con el tiempo, también podrían justificar el inicio de un ciclo alcista, en vez de limitarse a un único disparo. Eso es fundamental dejarlo en claro: que la Fed no ha cambiado, que sigue siendo la misma de siempre, un cuerpo colegiado profesional capaz de evaluar lo que conviene y que no necesita que la parte larga de la curva se ocupe de esa labor. Warsh tiene limitaciones en su capacidad para comunicarlo y para ser convincente. Esa es la ventaja que le llevan los gobernadores, quienes hasta ahora han votado lo mismo que él y poseen credibilidad por su trayectoria. Además, Trump ayudaría si dejara de declarar que Warsh es fantástico. En el instante en que lo trate de “demasiado lento” o de idiota, este problema también estaría resuelto.










