Uno de los presuntos sicarios identificados por la Policía de Bolivia en relación al ataque contra Nadia Beller, pareja de Fernando Cerimedo, ha admitido su participación en el hecho, aunque negó haber disparado en su contra y afirmó que el objetivo no era asesinarla, sino asustarla. Además, indicó que la verdadera meta del operativo era un “argentino”, al que no quiso nombrar. “El objetivo principal no era matar a esa señora”, expresó Aldo Silva Peña, apodado “Juancho”, en un video que se difundió recientemente, tras ser señalado por la Policía como uno de los implicados en el ataque a Beller, ocurrido el 17 de agosto en la vereda de un hotel en Santa Cruz de la Sierra. Silva Peña aceptó haber estado involucrado en la operación, pero sostuvo que no disparó contra Beller ni estuvo al mando de la motocicleta utilizada en el ataque. “A esa mujer había que pegarle un susto”, afirmó. Según su declaración, el plan era intimidarla y robarle la cartera, sin pretender matarla. “La intención no era, después que estuviera en el piso, rematarla”, insistió. “Solamente robarle la cartera, pero en ningún momento tampoco era quitarle los teléfonos”. Además, el presunto sicario reveló que el objetivo real era “una personalidad gaucha, argentina”, aunque no proporcionó detalles sobre su identidad. Esta referencia podría apuntar a Cerimedo, aunque tal interpretación requerirá confirmación por parte de los investigadores y contrastación con otros elementos de la investigación. Silva Peña, de nacionalidad colombiana, publicó el video poco después de que la Policía lo identificara por sus iniciales —A. H. S. P.— y su alias. Los investigadores también mencionaron a otro sospechoso, E. D. J., conocido como “Don Fiti”. Según la Policía, “Juancho” y “Don Fiti” habrían tomado parte activa del ataque. Asimismo, la pareja de Silva Peña, Paola A. V. A., y Roger A. C., presuntamente involucrado en el suministro del arma, ya se encuentran en prisión preventiva. Los investigadores han emitido órdenes de captura adicionales contra una exfuncionaria de la Aduana boliviana. Silva Peña manifestó que decidió hacer pública su versión debido a su temor por posibles represalias de quienes lo contrataron, quienes al parecer buscan silenciarlo. “Obviamente, las personas que me contrataron en estos momentos me quieren silenciar, me quieren matar, me quieren callar”, afirmó, añadiendo que desean evitar que hable “con la Policía y menos con los medios de comunicación”. En su relato, Silva Peña identificó por sus apodos a varias personas que, según indicó, están implicadas en la planificación del ataque. Aseguró que por encima de él había tres personas que “fueron los que pagaron y mandaron a hacer esto”, mencionando a un individuo apodado “Toño”, quien supuestamente lo contactó por teléfono y trabaja en la Gobernación de Cochabamba. También nombró a “un tal Chino”, al que atribuyó tareas de seguimiento e inteligencia sobre Beller. Según su relato, fue enviado en dos ocasiones a Bulo Bulo: en la primera para recibir teléfonos e información, y en la segunda para recoger dinero y obtener nuevas instrucciones. Aunque la Policía lo señala como uno de los presuntos ejecutores del ataque, Silva Peña reafirmó que no fue el autor directo de los disparos ni condujo la motocicleta. Aseguró que su participación se limitó a aportar “cierta logística” y solicitó “garantías” para una posible entrega a las autoridades. Según su testimonio, Silva Peña se habría situado en un nivel intermedio en la jerarquía del ataque: por debajo de él habría cuatro personas —dos colombianas y dos brasileñas— y por encima, las tres personas que, en su relato, habrían financiado y ordenado la operación. No las identificó, pero aseguró que “tienen bastante poder, tienen bastantes hilos políticos”. Cerimedo continúa detenido en la cárcel de Palmasola, mientras sus abogados, liderados por José Raúl Vega, buscan evitar que sea trasladado al penal de máxima seguridad de Chonchocoro, en La Paz, argumentando que requiere “asistencia médica” por “presión alta”.
Nº Edición: 98










