En su trabajo final de posgrado, titulado “Análisis comparado de las políticas tributarias y regulatorias del sector agropecuario en Argentina, Brasil y Estados Unidos (2005-2022)”, Picat analizó la evolución de estos tres países utilizando datos de organismos como la OCDE y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). El trabajo se llevó a cabo en la Universidad Nacional de Córdoba bajo la dirección del economista Ernesto Rezk.
Los hallazgos evidencian diferencias significativas. Entre 2005 y 2022, la producción agropecuaria en Brasil aumentó un 136%, en Estados Unidos un 72% y en Argentina un 43%. En términos de exportaciones, la brecha se amplió aún más: Brasil creció un 190%, mientras que Estados Unidos y Argentina registraron incrementos del 72% y 44%, respectivamente.
“Busqué evidencia empírica de qué pasaba con otros dos países que tienen una producción y una cultura agrícola similar a la nuestra. En esa comparativa, por supuesto, tenemos diferencias en el manejo de la macroeconomía. La Argentina tuvo una inflación y una intervención en el tipo de cambio totalmente distinta a Estados Unidos y Brasil, que estuvieron mucho más estables”, explicó Picat.
La investigación revela un esquema de doble imposición para el sector agropecuario. Por un lado, se identifican los Derechos de Exportación (DEX) explícitos, con alícuotas que llegaron al 38% para la soja. Por otro lado, la brecha cambiaria actúa como un impuesto implícito, con diferencias entre el tipo de cambio oficial y el paralelo que en ciertos períodos superaron el 200%.
Los indicadores de la OCDE reflejan este desenlace. Mientras Brasil y Estados Unidos mantuvieron un Apoyo Total al sector (TSE) en valores positivos durante todo el período analizado, Argentina mostró un TSE negativo de entre -1% y -3% del PBI de manera consistente. La Tasa Nominal de Asistencia (NRA) fue igualmente negativa, alcanzando en algunos años valores cercanos al -30%, comparables a aquellos registrados en economías de bajos ingresos en África.
“La primera conclusión es que la macroestabilidad es indispensable. Muchos estudios muestran que cada vez que la Argentina tuvo crisis macroeconómicas o grandes devaluaciones, los gobiernos recurrieron a las retenciones y a distintas intervenciones para intentar estabilizar la economía”, apuntó Picat.
Además, Picat desarrolló modelos econométricos para medir la respuesta de los productores argentinos ante cambios en los incentivos fiscales. Los resultados indican que una disminución de 10 puntos porcentuales en los derechos de exportación sobre el maíz podría incrementar la superficie sembrada en aproximadamente un 7%. Asimismo, una reducción similar en el trigo implicaría un aumento del 9,8% en la producción.
“Nuestros cultivos tienen una elasticidad positiva de oferta. Eso significa que cuando bajan las intervenciones o mejoran los precios, los productores están dispuestos a producir más. Hay una correlación directa entre menores derechos de exportación y mayor producción”, expuso Picat.
El análisis también incluyó la Productividad Total de los Factores (TFP), un indicador que mide el rendimiento de una economía en relación a sus recursos. Según los datos, Brasil mostró un crecimiento cercano al 40% en este aspecto, mientras que Argentina no evidenció avances significativos, terminando el período por debajo del nivel inicial. Además, los costos de producción argentinos resultaron un 13,6% superiores a los de Brasil y un 11,8% más altos que los de Estados Unidos.
“Los modelos econométricos muestran que Brasil y Estados Unidos invirtieron más en fertilizantes y tecnología, mientras que la Argentina se quedó rezagada por tener mercados intervenidos, con derechos de exportación y restricciones”, comentó.
Sin embargo, a diferencia del maíz y el trigo, los modelos indicaron que las alteraciones en los DEX no son estadísticamente significativas para decidir sobre la siembra de soja, lo que se traduce en una oferta inelástica. “Cuando el productor no tiene recursos para invertir en actividades que requieren más tecnología, se refugia en la soja porque es lo que menos cuesta producir. Ante la incertidumbre o ante el aumento de los derechos de exportación, la soja se convierte en un cultivo refugio”, argumentó Picat.
Un argumento común a favor de las retenciones es que impiden que los precios internacionales impacten en los alimentos. Sin embargo, el estudio confronta esta idea con datos concretos. Citando registros de la Fundación FADA, la investigación señala que el costo del trigo representa solo el 8% del costo de producción del pan. Un análisis académico mencionado en la tesis sugiere que eliminar las restricciones a la exportación de trigo generaría un aumento ínfimo del 1% en los precios de los productos derivados. Durante el periodo de 2005 a 2011, con las retenciones en plena vigencia, la inflación de los bienes relacionados con el trigo fue del 185%.
Luego de evaluar la evolución de los tres países durante 17 años, Picat concluye que aquellos que implementaron reglas más estables y mayores incentivos a la producción evidencian un desempeño superior en términos de producción, exportaciones y productividad.
“Hay trabajos que muestran que durante décadas el agro transfirió recursos al resto de la economía”, afirmó. En este sentido, mencionó investigaciones que estiman que entre 1940 y 1990, el sector aportó recursos equivalentes al 50% de su producción hacia otras áreas económicas. También citó estudios que calculan que esas distorsiones implicaron perder aproximadamente 2,2 puntos porcentuales de crecimiento del PBI anualmente durante ese lapso.










