– Características distintivas del crudo de Vaca Muerta
– Infraestructura necesaria para cada barril
En los últimos años, el petróleo ha vuelto a ocupar un papel crucial en la agenda global. La confrontación entre Estados Unidos e Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz han resaltado la importancia de la seguridad en el suministro energético, evidenciando el rol estratégico del crudo en la economía mundial.
En Argentina, este panorama se centra en Vaca Muerta, que está viviendo una expansión sin precedentes. El desarrollo de esta formación no convencional ha transformado el paisaje energético del país, aumentando las exportaciones y posicionando a la Cuenca Neuquina como un centro atractivo para empresas, inversiones y profesionales.
Las cifras reflejan la magnitud de este avance. En junio, la producción nacional de petróleo marcó un récord histórico de 914.900 barriles diarios, un 17,1% más en comparación con el mismo mes de 2022, según el Monitor Oil & Gas elaborado por ALyC RICSA. De esta producción total, Vaca Muerta contribuyó con 633.946 barriles diarios, lo que representa un incremento interanual del 33%, concentrando ya el 70% del petróleo que se extrae en el país.
Sin embargo, detrás de cada barril que sale de la Argentina existe una cadena más amplia que la mera extracción del crudo.
“Vaca Muerta no crece solamente perforando pozos. Necesita ampliar simultáneamente oleoductos, gasoductos, plantas de tratamiento, estaciones compresoras, tanques, terminales portuarias y plantas de licuefacción”, comentó un geólogo especializado en recursos naturales.
Sin esta infraestructura, una parte significativa del potencial productivo podría quedar atrapada en el subsuelo.
A diferencia de los yacimientos convencionales, donde el petróleo se desplaza naturalmente hacia el pozo, en Vaca Muerta los hidrocarburos permanecen retenidos en poros microscópicos de una roca con baja permeabilidad.
Por esta razón, la extracción exige técnicas especiales. El procedimiento comienza con la perforación de un pozo vertical que penetra varios kilómetros hasta alcanzar la formación. Una vez allí, el pozo se orienta horizontalmente dentro de la roca, extendiéndose entre dos y cuatro kilómetros.
Durante esta fase, se instalan varias cañerías de acero cementadas, que aíslan el pozo de otras formaciones geológicas y protegen los acuíferos superficiales.
A continuación, se lleva a cabo la completación, una de las etapas más cruciales del proceso. En este momento se ejecuta la fractura hidráulica. El tramo horizontal del pozo se segmenta en múltiples etapas, donde se inyecta una mezcla de agua y arena con una pequeña proporción de aditivos.
“La presión crea fisuras diminutas en la roca, y los granos de arena las mantienen abiertas, permitiendo el paso del petróleo y el gas desde la roca hacia el pozo”, explicó el geólogo.
Después de la estimulación, parte de los fluidos regresan a la superficie y comienza la fase productiva. Cuando los hidrocarburos emergen del pozo, no lo hacen en estado puro. La producción inicial generalmente consiste en una mezcla de petróleo, gas y agua que debe ser tratada antes de continuar su camino.
Este fluido es conducido hacia baterías o plantas dentro del yacimiento, donde se separan los distintos componentes y cada uno recibe el tratamiento necesario.
En el caso del petróleo, el crudo se acondiciona para cumplir con las especificaciones de transporte, se mide y se almacena temporalmente antes de ingresar a la red de oleoductos. Este paso es vital para garantizar la circulación segura y eficiente a través de cientos de kilómetros de infraestructura.
Una vez acondicionado, el petróleo deja el yacimiento y comienza un recorrido que puede abarcar varias provincias. El primer trayecto se realiza mediante oleoductos de captación que conectan los pozos con los sistemas de transporte principales. En estas redes se combinan crudos de diversas empresas, aunque cada productor lleva un registro comercial preciso del volumen y calidad entregados.
El sistema de evacuación más significativo en la actualidad es el de Oldelval, que une la Cuenca Neuquina con Puerto Rosales, cerca de Bahía Blanca. Desde allí, el petróleo puede abastecer refinerías locales, ser enviado a otros centros de procesamiento o cargarse en buques para su exportación.
Adicionalmente, existe una salida hacia el Pacífico mediante el Oleoducto Trasandino, permitiendo que el crudo parta desde Puesto Hernández, cruce la Cordillera de los Andes y llegue a la refinería Bío Bío en la costa chilena.
El mapa logístico se ampliará pronto con una nueva vía estratégica: Vaca Muerta Oil Sur, un proyecto que conectará Allen con Punta Colorada, en Río Negro. Esta obra permitirá comenzar a despachar petróleo a partir de diciembre de 2026. “En la terminal, el crudo se almacenará en grandes tanques y será conducido hasta instalaciones marítimas para la carga en buques”, agregó el especialista.
Desde ese momento, los cargamentos podrán recorrer miles de kilómetros hasta alcanzar mercados internacionales, donde serán procesados para transformarse en combustibles y productos derivados.
El considerable incremento en la producción en Vaca Muerta ha convertido a la infraestructura en uno de los principales cuellos de botella del sector.
“Los oleoductos son esenciales porque permiten el transporte de grandes volúmenes de manera continua, segura y con costes mucho menores que el transporte por carretera”, subrayó el geólogo.
Los camiones pueden utilizarse en etapas iniciales del desarrollo o ante situaciones de emergencia, pero resultan poco competitivos para movilizar cientos de miles de barriles diarios. En cambio, los buques son el eslabón indispensable para vincular la producción argentina con los mercados globales.
Una vez que el petróleo llega a una refinería, debe atravesar múltiples procesos industriales para convertirse en productos de consumo. “Debe pasar por destilación, desulfurización y otras unidades de conversión para transformarse en combustibles terminados”, indicó el especialista.
Como resultado de estas etapas se obtienen naftas, gasoil, combustible para aviación y otros derivados que abastecen automóviles, industrias, centrales eléctricas y sistemas de transporte en diversas partes del mundo.
A pesar de que frecuentemente se hace referencia al “petróleo de Vaca Muerta” como un único producto, la realidad es más compleja.
“La formación abarca diferentes profundidades, temperaturas y grados de madurez de la materia orgánica. Por lo tanto, contiene ventanas de petróleo, petróleo volátil, condensado y gas, y la composición puede variar entre zonas e incluso entre pozos”, explicó el geólogo.
Sin embargo, gran parte del petróleo comercializado desde la Cuenca Neuquina pertenece a la corriente conocida como Medanito, un crudo ligero y de bajo contenido en azufre. Según el análisis comercial representativo, se ubica alrededor de los 41 grados API y presenta aproximadamente un 0,15% de azufre.
Estas características lo hacen particularmente atractivo para el mercado. “Los grados API indican la densidad: cuanto mayor es el número, más liviano es el petróleo. El término ‘dulce’ o sweet no se refiere a su sabor, sino a que contiene poco azufre”, aclaró.
Su baja viscosidad facilita el transporte por oleoductos y evita algunos tratamientos que requieren los petróleos pesados, como calentamiento extremo o mezcla con diluyentes.
El recorrido de un barril de Vaca Muerta demuestra que el desafío energético argentino no se limita únicamente a la extracción de petróleo. Se requieren equipos de perforación, cañerías, oleoductos, gasoductos, plantas de tratamiento, estaciones compresoras, tanques, terminales portuarias y plantas de licuefacción. Cada eslabón debe crecer a un ritmo acorde con la producción. “Vaca Muerta no crece solamente perforando pozos”, concluyó el especialista.
La misma regla se aplica al gas, aunque con una cadena diferente. Después de ser separado del petróleo y del agua, debe ser tratado para eliminar humedad e impurezas y, cuando es necesario, líquidos como propano, butano y gasolina natural. Luego se comprime e inyecta en los gasoductos.
En conclusión, la infraestructura puede convertirse en un límite físico para el crecimiento. “Sin esa infraestructura, parte del recurso podría permanecer bajo tierra simplemente porque no hay capacidad suficiente para transportarlo hasta el mercado”, advirtió el especialista al describir el recorrido completo que realiza el petróleo de Vaca Muerta.










