La reciente depreciación del real frente al dólar —con una cotización que pasó de R$4,98 a R$5,39 tras los comicios en Brasil— ha encendido las alertas en el sector turístico local de cara al próximo verano. Esta modificación cambiaria optimiza el poder adquisitivo de los viajeros que se trasladan al país vecino con dólares, lo que podría influir en la elección de las playas extranjeras, aunque con alcances dispares según el rubro.
Mientras que los gastos cotidianos durante la estadía —como alimentos, bebidas y servicios diarios— se verán beneficiados de forma directa, los costos de pasajes aéreos y hospedajes para la temporada alta ya se encuentran establecidos con los valores previos de la moneda brasileña. Desde el sector empresarial se indicó que, si bien habrá un incentivo adicional en la decisión de los vacacionistas, todavía es prematuro dimensionar el impacto real, sumado a que la oferta de transporte a corto plazo es limitada y no contempla un incremento inmediato en las frecuencias o en la disponibilidad de paquetes.
Por otra parte, la fluctuación cambiaria genera inquietud en el turismo receptivo, que venía registrando una recuperación frente a los países vecinos. El nuevo escenario complica las expectativas de atraer a visitantes extranjeros y de retener al público local, un segmento que ya evalúa sus opciones condicionado por los costos internos y por una rentabilidad empresaria que, según el sector, no acompaña los niveles de ocupación.
Ante este panorama, las cámaras empresarias insistieron en la necesidad de implementar medidas estructurales para mejorar la competitividad frente a los destinos internacionales. Entre los principales reclamos figuran la reducción de la carga impositiva y de los costos operativos, la aplicación de mecanismos para mitigar los gastos laborales mediante un esquema vinculado al impuesto al valor agregado (IVA), y la revisión de los aumentos en las tarifas de servicios públicos sin una contrapartida fiscal. Asimismo, se destacó la relevancia de contar con opciones de financiación accesibles, promociones bancarias, tasas de interés más bajas e incentivos provinciales.
A pesar de la incertidumbre y de que el grueso de las reservas suele activarse a partir de noviembre, desde el sector se remarcó que la evolución final de la temporada dependerá de la estabilidad que logre la moneda brasileña, el comportamiento de los precios y la evolución del poder adquisitivo de los consumidores, sin que ello implique necesariamente una merma abrupta en la demanda hacia los destinos nacionales.










