Estudios sobre el comportamiento de los consumidores han evidenciado que quienes ingresan al supermercado con una lista preestablecida tienden a comprar menos artículos superfluos y mantienen un mayor control sobre el total de su gasto. Asimismo, confeccionar una lista facilita la comparación de precios y la priorización de los alimentos realmente imprescindibles.
Elaborar una lista actúa como un mapa durante el recorrido por las góndolas. Definir previamente los productos a adquirir limita la probabilidad de sucumbir ante promociones atractivas, exhibiciones estratégicas o compras impulsivas.
Una ventaja adicional de contar con una lista es que permite planificar las comidas de la semana y adquirir solo los ingredientes requeridos, contribuyendo así a reducir el desperdicio alimentario y a evitar gastos en productos que pueden llegar a caducar en la alacena o el refrigerador.
Por otro lado, además de preparar una lista, los especialistas sugieren incorporar otros hábitos que favorezcan la administración del presupuesto:









