“Ver a un policía apuntando al pueblo es la postal de Milei y lo que representa”, afirmó Morales, quien instó a reflexionar sobre esa imagen. Un policía levanta su rifle, cierra un ojo y dispara contra el pueblo.
Los carros hidrantes y las balas hacen su aparición, mientras se colocan detrás de las vallas. En los televisores, se observa una pantalla dividida: en un lado, las banderas y los cánticos del pueblo; en el otro, la furia de los policías argentinos apuntando hacia sus compatriotas.
“Llevarse el rifle, apuntar intentando acertar y apretar el gatillo con fruición, es una rabia interna cuya procedencia es incierta”, agregó.
La lucha se presenta como un enfrentamiento entre pobres, en beneficio de los ricos que mercadean con la patria. La represión se utiliza como herramienta por aquellos que en el Senado consideran apropiado vender tierras, ofreciendo ganancias desmesuradas.
Morales hizo hincapié en la voracidad de quienes aseguran que si es necesario vender una provincia entera, “bueno, se vende”, en referencia al canciller argentino que pronuncia tales palabras.
La marcha se destacó por ser un poderoso acto de resistencia del pueblo, donde las banderas y carteles se alzaron, manifestando la convicción de que la patria no está a la venta.
Desafiaron la lluvia con la misma firmeza con que han confrontado las mentiras del gobierno que defienden los ricos en estos días.
Mientras el gas, los golpes y las balas caían, el poder se mostraba desde las ventanas con la opacidad propia de los uniformes de un día que, al final, solo evidenciaron su soledad y patetismo entre las calles donde aún resonaban los ecos del pueblo.
Por esta gente, por la represión, por las verdades del pueblo y las mentiras del gobierno, la vida no puede poner pausa.










