El estudio, llevado a cabo por científicos de las universidades de Cambridge, Warwick y Fudan, analizó a más de 10.243 niños y adolescentes en Estados Unidos. En este contexto, se encontraron diferencias significativas entre aquellos que comenzaron a leer a una edad temprana y aquellos que lo hicieron más tarde.
La investigación abarcó diferentes evaluaciones cognitivas, entrevistas clínicas, datos proporcionados por padres y docentes, así como imágenes cerebrales de los participantes.
Los resultados mostraron que los niños que empezaron a leer por placer en sus primeros años de vida obtuvieron mejores resultados en pruebas relacionadas con el aprendizaje verbal y la memoria, además de demostrar un notable desarrollo del habla y un mejor desempeño académico.
Los especialistas también identificaron relaciones entre este hábito y variaciones en ciertas estructuras cerebrales asociadas a funciones cognitivas. Según el estudio, alrededor de 12 horas de lectura a la semana se relacionaron con beneficios significativos.
Sin embargo, las diferencias no se limitaron únicamente al rendimiento cognitivo; también se observó un promedio de menores problemas de conducta y síntomas relacionados con el estrés y la depresión.
Adicionalmente, los niños que leían pasaban menos tiempo frente a pantallas y dormían más horas. No obstante, aunque los resultados sugieren una correlación entre la lectura y estas características, el hábito por sí solo no asegura un desarrollo intelectual superior.










