Marcelo Belmonte, director de Viticultura & Enología de un conocido grupo vitivinícola, comentó que “la sustentabilidad está en agenda desde hace más de 20 años; es un camino, es hacia donde todas las compañías de la industria vitivinícola estamos yendo”. En Argentina, la sustentabilidad comenzó a cobrar fuerza hace poco más de una década, impulsada tanto por convicción como por la demanda del mercado, dado que el país exporta cerca del 20% de su producción.
Belmonte añadió que “primó más la necesidad desde el punto de vista ambiental, desde el uso del recurso hídrico. Es una actividad fuertemente anclada en las condiciones climáticas que definen calidad y productividad. Y también para eficientizar la cadena de valor. La sustentabilidad es el día a día del negocio”.
María Ayanz, que ocupa el cargo de jefa de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad en otra compañía destacada, enfatizó que “el desafío que tenemos las empresas hoy es el de incorporar la sustentabilidad en toda nuestra cadena de valor desde el comienzo y trabajando con la cadena de abastecimiento y con todas las comunidades y personas que hacen posible que eso funcione”.
Ayanz también sostuvo que gestionar una cadena de valor sustentable implica “gestionar de manera responsable cómo se obtiene la materia prima, cómo se produce, cómo se diseña y cómo se distribuye”.
En el caso de un reconocido fabricante de alimentos, el camino se percibe como una transformación global del sistema. María Emilia Berardozzi, gerente de Sustentabilidad de T&M de la empresa, destacó que “es empezar a articular con los distintos actores de la cadena de valor”. A pesar de que las empresas habían venido trabajando en sostenibilidad, Berardozzi señaló que, hasta hace poco, lo hacían “en operaciones directas y con una mirada principalmente ambiental”.
Siguiendo la tendencia general de la industria, la ejecutiva señaló que el último lustro ha marcado un cambio hacia una visión de triple impacto: “Empezamos a trabajar en toda la cadena de valor y ya con una mirada de triple impacto”.
Berardozzi subrayó dos grandes desafíos: el primero es que “ningún actor de la cadena lo va a lograr por sí solo; entonces necesitamos articular con los distintos actores; desde el productor primario, el operador logístico, las fábricas, hasta quienes elaboran el packaging o reciclan ese material”. El segundo desafío radica en los plazos: “Muchas de las medidas que tenemos que tomar son a mediano o largo plazo. No podemos hacer acciones individuales sino que hay muchas de las actividades que planteamos que necesitamos que pasen unos años para ver los resultados”. Como ejemplo, mencionó la agricultura regenerativa: “Si quiero medir cómo mejoro la calidad del suelo, necesito al menos cinco años para poder ver si se incrementó la materia orgánica”.










