Este objeto de colección, testigo de la histórica Mano de Dios y del Gol del Siglo, había generado expectativas elevadas al apuntar a un valor de 10 millones de dólares, una cifra que no se logró alcanzar.
La subasta, que tuvo lugar en Dallas, capturó el interés de coleccionistas y aficionados a nivel global. El lote incluyó una certificación de autenticidad respaldada por una carta del árbitro tunecino Ali Bennaceur, quien dirigió el partido en el Estadio Azteca el 22 de junio de 1986. Bennaceur mantuvo la pelota en su poder durante casi tres décadas antes de decidir venderla. Un año después de haberla adquirido, anexó una carta que confirmaba que esta era la única pelota utilizada durante el encuentro, un detalle luego verificado por expertos.
“Bennaceur explica que el protocolo de la FIFA le otorgó la propiedad al árbitro principal y menciona cómo, tras el partido, se adueñó del balón, haciendo que sus colegas Bogdan Dotchev, Berny Ulloa e Idrissa Traoré lo firmaran como testigos de su relevancia. Atestigua que el balón estuvo con él en Túnez por más de treinta años”, resaltó la casa de subastas en su comunicación sobre el evento.
Heritage Auctions describió a este objeto como “potencialmente el balón más famoso de la historia de cualquier deporte”. Aunque la oferta inicial fue de 2,5 millones de dólares, el monto final se mantuvo por debajo de las expectativas oficiales, que buscaban igualar o superar el récord establecido por la camiseta que Maradona usó en el mismo encuentro, vendida en 2022 por cerca de 9,3 millones de dólares. En aquella ocasión, esa camiseta se convirtió en la prenda deportiva más cara de la historia, hasta que un ejemplar de béisbol de Mickey Mantle la superó con un precio de 12,6 millones de dólares ese mismo año.
El precio del balón de la Mano de Dios se sitúa por debajo de otras piezas muy valoradas, como la pelota del jonrón número 50 de Shohei Ohtani, que se subastó por 4,39 millones de dólares, o la camiseta de Babe Ruth de la Serie Mundial de 1932, que marca un récord absoluto con su venta de 24,12 millones de dólares en 2024.
Este balón es parte de una historia marcada por dos goles que dejaron huella en la carrera de Maradona y en la memoria colectiva del fútbol. A los seis minutos del segundo tiempo, Maradona superó al arquero inglés Peter Shilton y anotó un gol con su mano izquierda, que fue validado porque el árbitro no advirtió la infracción. Solo cuatro minutos después, el astro tomó el balón desde su propio campo y, tras una carrera de 70 metros eludiendo a seis rivales, anotó lo que fue nombrado el “Gol del Siglo” en una encuesta de la FIFA en 2002.
Esa victoria por 2-1 permitió a Argentina avanzar a semifinales y luego conquistar su segundo título mundial. También cimentó la leyenda de Maradona, quien, con el tiempo, reconoció su acción antirreglamentaria, convirtiendo la frase “Mano de Dios” en parte del léxico futbolístico mundial.
El impacto de la pelota subastada se refleja en los altos valores que han alcanzado otros objetos deportivos en años recientes. La camiseta de Maradona, por ejemplo, ha sobrepasado los 9 millones de dólares, y otros artículos, como trofeos y raquetas de tenistas, también han despertado gran interés en el mercado. La raqueta de Boris Becker, utilizada en el US Open de 1989, se vendió por 303.027 euros; mientras que la raqueta de Novak Djokovic con la que ganó el US Open de 2018 se subastó por 17.558 euros. La raqueta de Rafael Nadal, que utilizó en su última victoria en un Grand Slam, el Abierto de Australia 2023, se vendió por 13.191 euros.










