Este lunes, en una nueva intervención, Georgieva reafirmó su postura: “no creo que se necesite un nuevo préstamo”. Esta afirmación surge en medio de la incertidumbre del mercado en relación con los pagos que debe realizar Argentina el próximo año al FMI y a acreedores privados, que suman más de u$s 20.000 millones. Pese a esto, el Gobierno sostiene que cuenta con los recursos necesarios para hacer frente a estos compromisos, en caso de que no se den las condiciones adecuadas para acceder al mercado de financiamiento, como se ha señalado después de cada evaluación del FMI. Este es el objetivo final, aunque el organismo prefiere no centrar su atención en este aspecto de manera explícita.
No es casualidad que, a pesar de que su estadía en Argentina fue de solo dos días, Georgieva decidiera visitar Vaca Muerta en lugar de reunirse con representantes de otros sectores sociales o políticos, una práctica que era habitual en las visitas de alto nivel del FMI. Optó por obtener un diagnóstico más completo de la economía argentina desde la perspectiva del sector privado, a través de una cena con los CEOs de las principales empresas que operan en el país, cuya visión en muchos casos se alinea con la del Gobierno actual.
En el Palacio Duhau, Georgieva se reunió con un selecto grupo de representantes del sector privado. Estos incluían a Pierpaolo Barbieri, de UALA, y Jorge Brito, presidente del Banco Macro. También estuvo presente Isela Costantini, asesora estratégica del Grupo ST. Además, la presidenta de AmCham, Mariana Schoua, empresaria del sector energético, sumó su voz a los asistentes, junto con Marcos Bulgheroni, CEO de Pan American Energy.
Entre los miembros del reducido grupo también se encontraban Eduardo Elsztain, presidente de IRSA, y Juan Martín de la Serna, presidente de Mercado Libre. La lista la completaron Martín Pérez de Solay, CEO de Glencore Argentina, Daniel Novegil, ex CEO y actual ViceChairman de Ternium, y Catalina Cascio, directora de Ferrosider. Este enfoque exclusivo señala una preferencia por aquellos actores que llevan a cabo las inversiones más significativas, dejando de lado a los grandes perdedores de la actividad económica.
Uno de los aspectos que Georgieva destacó fue cómo se está llevando a cabo el “proceso de estabilización” en Argentina, un tema que también se abordó durante un diálogo más distendido con estudiantes y economistas en el Palacio Libertad. Durante esta charla recordó que nació en un país “donde nadie confiaba en la moneda”, enfatizando la importancia de la estabilidad económica.
Durante su intervención con los jóvenes, Georgieva planteó otro de los temas que más preocupa al FMI en el ámbito global: el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral. “La IA remodelará hasta el 40% de los empleos; mi consejo es construyan habilidades adaptables y no teman a la disrupción”, resumió de manera contundente, subrayando la necesidad de preparación ante los cambios inminentes.
Más tarde, en su visita a Neuquén, recibió información de Horacio Marín sobre las proyecciones de producción, inversión y exportaciones en relación con Vaca Muerta, lo que seguramente le brindó tranquilidad. Al regresar a Washington DC, tras su paso por Uruguay, Georgieva podrá informar que, siempre que no ocurran contratiempos, el FMI tiene asegurado el cobro de los vencimientos que tiene pendientes.
Mientras tanto, en Buenos Aires surge un análisis sobre la relación entre la deuda argentina con el FMI y su impacto en el riesgo país, un tema que podría estar dificultando la reducción de este indicador. A pesar de las afirmaciones de la economista búlgara de que no hay riesgo en la cuenta externa, la relevancia del FMI y de instituciones multilaterales como el Banco Mundial, el BID y la CAF como acreedores “ultra privilegiados” de Argentina es vista como una de las razones que encarece cada punto de baja del riesgo país, tal como lo indicó el ex director del BCRA, Jorge Carrera.
El economista explicó que, dados los indicadores fiscales y externos de Argentina, si no existiera una carga tan elevada de deuda con el FMI y las entidades multilaterales, el riesgo país debería ser más bajo. Usó como referencia los valores del riesgo país en 2017-2018, durante la administración de Mauricio Macri, cuando se situaban en torno a los 370 puntos básicos, en un contexto en el que no existía deuda con el FMI.
Carrera añadió que los operadores del mercado son conscientes de que, si surgieran problemas relacionados con la sostenibilidad de la deuda argentina, el FMI y las otras entidades multilaterales serían los primeros en exigir una reestructuración de la deuda con los acreedores privados, antes de abordar la deuda privilegiada.
“Eso explica el exceso de prima que se exigiría a Argentina si decidiera tomar deuda”, detalló. En consecuencia, subrayó que el Gobierno debe utilizar garantías, o sobresaturar el superávit fiscal y la acumulación de reservas, que es lo que técnicamente inquieta hoy al FMI.










