Juan Martín Brindisi, psicólogo de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), comunicador y especialista en alto rendimiento, comentó acerca de la evolución en la institución respecto a la asistencia terapéutica para los deportistas de élite.
“El rendimiento es una parte del trabajo, pero solo una parte. Con los jugadores y las jugadoras trabajamos toda la dimensión de la subjetividad: lo que les sucede tanto adentro como afuera de la cancha. Ansiedades, depresiones, tensiones que se vuelven difíciles de manejar, así como éxitos que no se procesan y pueden desconectar a alguien de la realidad. Además, debemos considerar los problemas familiares, de pareja, los conflictos con el club y la adaptación a un nuevo país tras una transferencia. Todo esto es parte del panorama. La salud mental de un deportista no comienza ni concluye con el silbato”, explicó Brindisi.
Hace dos décadas, las críticas que recibían los jugadores provenían principalmente de la televisión, titulares de diarios, comentaristas radiales o la opinión de los hinchas en las tribunas. Sin embargo, con el advenimiento de las redes sociales, las valoraciones —tanto positivas como negativas— están a solo un clic de distancia, lo que afecta cada vez más a los futbolistas jóvenes.
“Lo que trabajamos con los futbolistas puede sorprender: el verdadero riesgo de las redes sociales no es la crítica, sino el elogio. El ciclo de enganche comienza cuando se busca en estas plataformas una validación, y esa imagen ideal que se refleja puede resultar adictiva. Si se ingresa por el elogio, también se corre el riesgo de enfrentar la crítica, lo cual puede ser devastador”, analizó el especialista.
“Lo que les decimos es: ‘No te definís por lo que dice una pantalla. Lo que te trajo hasta aquí es tu deseo, tu trabajo, tu proceso, tu amor por el fútbol’. Al meterte en la vorágine de las redes, es justo eso lo primero que se pierde de vista, y es lo que más necesitas mantener”, agregó.
Desde el Mundial 2022, uno de los cambios más relevantes en la selección argentina ha sido la capacidad de forjar una mentalidad colectiva. Muchos de los jugadores ya se conocían de encuentros previos como la Copa América y la Finalissima, y todos eran conscientes de que el mayor reto sería el campeonato mundial. Por eso, se enfocaron en crear unidad, un valor que distingue a su equipo de los demás.
—¿Cómo se construye la mentalidad colectiva?
—Cuidando al suplente. Esa es la clave que menos se aprecia desde afuera. Si el que no juega se siente valorado y como una opción, el grupo está más fuerte. Si el suplente se siente mal, el equipo sufre. Además, el fortalecimiento de lazos ocurre en espacios de convivencia: torneos de truco, dinámicas grupales y juegos, donde se establecen vínculos antes de que aparezca la presión. Podés tener los mejores talentos del mundo, pero si no aprendés a jugar en equipo, el rival te va a superar. En cambio, cuando el talento individual se une al proceso colectivo, se potencian mutuamente. Eso es lo que buscamos construir.
—¿Cuándo y cómo es importante que un deportista pueda pedir ayuda psicológica?
—Pedir ayuda es el primer paso hacia la conciencia de lo que está sucediendo, y eso es fundamental para poder cambiar la situación. Puede ser para abordar un problema que duele o para desarrollar un potencial que aún no ha encontrado su camino. En mi enfoque, no espero que el jugador llegue solo: asisto a los entrenamientos, me acerco y pregunto. Muchos encuentros espontáneos son los que abren la puerta. También trabajamos en red: si un kinesiólogo, un preparador físico o un utilero nota que algo no está bien, me lo comunica. Cien ojos ven más que dos. La idea es que la persona llegue lo antes posible, antes de que el malestar se instale. No es necesario que el psicólogo sea la primera persona en escucharte; lo importante es que haya alguien que lo haga.










