La imagen que permanecerá en la memoria es la de Messi, con lágrimas en los ojos, rodeado por sus compañeros, ante la multitud que lo adora. La prensa internacional ha utilizado esa imagen para describir un adiós tanto íntimo como público, en contraste con la ocasión en que se alejó de la premiación tras la derrota ante España. Sabían sus compañeros que ese sería su último partido, un momento cargado de significado, especialmente porque su padre aún estaba presente. Si Argentina alcanzó la final, fue en gran parte gracias a su magia y a la pasión que contagió en un contexto donde el juego en equipo no era suficiente. Un Mundial que, aunque inesperado, resultó ser el más destacado de su carrera.
El último gol de Messi con la selección, un impactante 2-2 contra Egipto en un juego que parecía perdido, refleja su enfoque en la eficacia. Como una vez revelara el delantero alemán Gerd Müller: “mi secreto era fijarme donde no llegaba el arquero”. Al revisar los videos de Messi, queda claro que ha dejado su marca con tiros que han batido a innumerables arqueros. La comparación con otros se torna compleja; han sido sus propios colegas quienes lo han alzado a la cima del fútbol, desde ex compañeros de Cristiano Ronaldo hasta estrellas brasileñas, aquellos que también lo han reconocido como el grande que es. Y es que aunque muchos argentinos miren a Diego Maradona con nostalgia, Messi ha demostrado ser tan influyente y talentoso como él.
Ambos, Leo y Diego, fueron líderes en sus respectivas épocas, pero sus formas de enfrentar la adversidad fueron diferentes. A diferencia de Maradona, que se enfrentó a todo, Messi tomó una postura más reservada ante sus críticos. A pesar de los cuestionamientos que surgieron durante su tiempo sin títulos con la selección, nunca letía una respuesta a las comparaciones. Al final, consiguió construir su legado a su propio ritmo, en un mundo donde la inmediatez prevalece. Veintiún años defendiendo la celeste y blanca, con las esperanzas renovadas tras la amarga final de Brasil 2014 y el desempeño decepcionante en Rusia 2018. Quizás esa resignación también ayudó a Messi a liberarse de expectativas desmedidas.
Tras su encuentro con Egipto en Atlanta, encontré una crónica brillante del periodista Sam Anderson en una prestigiosa revista, donde capturó la esencia de Messi y su vínculo con los aficionados que visten su camiseta. Anderson describió la variedad de fans: desde bebés hasta ancianos, todos unidos por la figura de Messi, algunos incluso en situaciones insólitas. La representación que hizo de “Diez millones de Messis” es un retrato de su impacto global. En un emotivo video reciente, la AFA decidió que el escudo de su camiseta debía ser un símbolo que hablara a Messi: “Nunca tanta gente en el mundo llevó la celeste y blanca conmigo en el pecho”.
Lo que más resonó en el hermoso texto de Anderson fue su pregunta final: “¿Qué perdemos cuando una estrella desaparece? ¿Adónde van todos esos recuerdos?”. Se dice que Messi usó una lapicera especial para escribir su despedida, evocando historias de viajes en el tiempo. Las conexiones míticas son inevitables; un aficionado nos recuerda la escena en la que Harry Potter cree ver a su padre fallecido, catalogado como un recurso narrativo que representa el amor perdurable. El profesor Dumbledore comparte una lección vital: “Tu padre vive en ti, Harry, y se manifiesta más claramente cuando necesitas de él”. En el universo de Harry Potter, el personaje de Sirius Black consuela a Harry, señalando que “los que nos aman jamás nos dejan del todo”. En el ámbito futbolístico, el cariño del pueblo hacia Messi es igual de profundo.










