Sin embargo, la decisión de Argentina de unirse al Escudo de las Américas, una coalición militar y política promovida por el ex presidente Donald Trump para fortalecer la seguridad regional y combatir el narcotráfico y el crimen organizado, ha suscitado críticas. Este acuerdo implica acciones de seguridad que también abarcan controles migratorios. Otros países que se han unido a esta iniciativa son Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá y Paraguay, mientras que Chile se mantiene como observador.
La asistencia estadounidense que se contempla en estos acuerdos se produce en un contexto de severos recortes presupuestarios, con un ajuste de $59.600 millones en el presupuesto de las Fuerzas Armadas. Este ajuste afecta en mayor medida a la Armada, que enfrenta un recorte de $27.040 millones, en comparación con $12.600 millones del Ejército, $16.500 millones de la Fuerza Aérea y $3.762 millones del Estado Mayor Conjunto.
Además, se suman a este panorama las demandas aún no resueltas, como la equiparación salarial de los militares con los miembros de las fuerzas de seguridad, así como la crítica situación de la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA), que continúa enfrentando una significativa deuda y cortes en los beneficios, afectando a aproximadamente 343.000 afiliados. La escasez de recursos también se refleja en la inusual propuesta del Ejército de intercambiar toneladas de membrillos de sus campos de Remonta y Veterinaria a cambio de piezas para una camioneta.
El acercamiento con Estados Unidos comenzó en abril de 2024 con la compra de 24 aviones F-16 a Dinamarca, que incluyen equipamiento militar estadounidense. En marzo, ambas naciones actualizaron el programa Foreign Military Sales (FMS), que es el canal oficial del gobierno de EE.UU. para la venta y transferencia de materiales de defensa, así como capacitación a aliados.
Este vínculo se afianzó especialmente tras la asunción del teniente general Carlos Alberto Presti como ministro de Defensa el 10 de diciembre. La culminación de este esfuerzo se evidenció el último día de abril con la visita del presidente Milei al portaaviones nuclear USS Nimitz, el buque insignia de la Armada estadounidense, que participó en el ejercicio militar Passex en las costas de Mar del Plata y Trelew.
Presti destacó recientemente el avance de la cooperación estratégica entre Argentina y Estados Unidos mediante “nuevos acuerdos de apoyo logístico y acceso a tecnología de última generación”, y firmó cartas de intención junto al embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas. Esto supondrá el intercambio recíproco de combustibles y acceso a la tecnología de drones y sistemas antidrones del Ejército estadounidense.
Otra carta de intención estratégica busca mejorar la vigilancia y control de los espacios marítimos, enfocándose en el desarrollo de capacidades de colaboración. Este plan se extenderá por cinco años e incluirá transferencia tecnológica, asistencia técnica, formación de personal y la modernización de aeronaves, además de la incorporación de drones que podrán operar desde patrulleros oceánicos.
Mientras tanto, Argentina sigue a la espera de una respuesta a su solicitud a la OTAN para ser admitida como “socio global”, lo que podría fortalecer la cooperación política, la capacitación militar y los avances tecnológicos.
Las señales de apoyo de Washington hacia la política militar del gobierno de Milei han provocado reacciones en el Partido Justicialista (PJ), que recientemente en un congreso sobre defensa criticó “el alineamiento ciego” con Trump. Los exministros Agustín Rossi y Jorge Taiana lideraron las críticas, pidiendo “una política de defensa a largo plazo” y rechazando que las Fuerzas Armadas se conviertan en auxiliares de las fuerzas de seguridad.
“El gobierno de Milei exagera el alineamiento con Estados Unidos, sin que se sepa con claridad hasta qué punto esto es solicitado por Washington”, comentó Francisco Cafiero, exsecretario de Asuntos Internacionales para la Defensa en las gestiones de Rossi y Taiana. Cafiero, quien actualmente dirige el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Nacional de Lanús, lamentó la retirada de observadores militares de Argentina en Líbano y Medio Oriente bajo la supervisión de las Naciones Unidas.
Por otro lado, Juan Battaleme, quien ocupó el mismo cargo bajo la gestión de Luis Petri, considera que el diálogo con Estados Unidos es beneficioso. Recordó que en los primeros dos años de la gestión de Milei mantuvieron una comunicación fructífera con el Congreso estadounidense, a pesar de las objetivos de la Casa Blanca.
Durante esas conversaciones, Argentina presentó tres peticiones para sus Fuerzas Armadas: drones V-BAT para reforzar el patrullaje marítimo, vehículos blindados Stryker y helicópteros Black Hawk. Adicionalmente, dijo que funcionarios de Trump estaban atentos a que Milei validara su gestión en las elecciones legislativas pasadas.
A pesar del descontento en torno a los bajos salarios y recortes presupuestarios, en el ámbito militar también se escuchan voces de satisfacción. “El acercamiento con EE.UU. en el ámbito militar durante el gobierno de Milei es un proceso de alineación estratégica que ya muestra resultados concretos, como la llegada de los F-16 y la cooperación con el Comando Sur, además del programa para fortalecer la seguridad marítima en el Atlántico Sur”, evaluó Santiago Lucero Torres, presidente del Foro Argentino de Defensa.
“Este impacto es significativo, especialmente para recuperar capacidades dañadas y mejorar la vigilancia del Atlántico Sur, integrando a Argentina en estructuras de cooperación más modernas con Occidente”, agregó. Sin embargo, subrayó la necesidad de prudencia al afirmar que “la cooperación internacional debe ser un medio, no un sustituto de una política nacional de defensa”.
“Estados Unidos puede ofrecer tecnología, capacitación, estándares y financiamiento. Pero la estrategia, la dirección y las prioridades sobre nuestros espacios marítimos deben seguir siendo responsabilidad de Argentina”, concluyó.










