Este innovador sistema utiliza pequeños electrodos colocados sobre el tallo de las plantas para registrar, durante todo el día, las señales eléctricas de los cultivos. Posteriormente, una inteligencia artificial procesa esta información, generando alertas para los productores. Con cerca de 6000 sensores instalados a nivel global, la empresa ha triplicado su actividad en el último año y planea realizar sus primeras instalaciones en Argentina en septiembre. “Lo clásico es ver el síntoma de lo que le pasó a la planta. Le faltó zinc, aparece una rayita blanca y ya está. Pero para ese momento es tarde. El valor más importante que tenemos es verlo antes”, afirmó Fernando Derossi, CEO global y socio de la compañía, durante un encuentro con periodistas en Buenos Aires.
La sede de investigación y desarrollo de la empresa se encuentra en Suiza, y sus oficinas comerciales están en Holanda. El sistema se implementa directamente en los cultivos: los electrodos en el tallo registran las señales eléctricas generadas por la planta, mientras que otro sensor monitorea las condiciones climáticas del entorno. La inteligencia artificial analiza estos datos para identificar si las plantas están reaccionando a la falta de agua, nutrientes, calor, enfermedades o plagas.
Derossi relató que durante las olas de calor en Europa este año, los sensores detectaron en uno o dos días que las plantas sufrían estrés debido a las altas temperaturas. “Pudimos verlo y decirles a los productores que lo mitigaran con agua”, explicó.
Los datos se visualizan a través de una aplicación que presenta un tablero similar a un semáforo. El verde indica condiciones óptimas, el amarillo alerta sobre cambios que requieren atención y el rojo señala problemas más graves. Con esta información, el productor puede decidir regar, fertilizar o aplicar tratamientos. Además, los sensores indican cómo responde el cultivo tras la aplicación de productos, mostrando el aumento del estrés, el tiempo de absorción y el momento de recuperación. La empresa también busca que la herramienta no solo informe, sino que ofrezca recomendaciones para la acción.
“El valor agregado está en decirle al productor no solo qué está pasando, sino que lo puede solucionar irrigando, fertilizando o con determinado producto”, añadió Derossi.
Los resultados de su tecnología son variables, dependiendo del cultivo, el entorno y la gestión. En un estudio llevado a cabo en Tomato World en Holanda, Vivent Biosignals consiguió aumentos de rendimiento de entre el 10% y el 23% en el tomate. “No en todos los casos se da ese incremento, pero podemos decir que entre el 2% y el 5% lo hemos comprobado en general en muchos cultivos intensivos”, aclaró el ejecutivo.
En algunas circunstancias, los costos asociados al riego y consumo energético disminuyeron aproximadamente un 30%. En Almería, España, se registraron ahorros de agua del 40%. “Hay dos grandes beneficios: el aumento del rendimiento y la reducción de costos de insumos. Muchas veces no es necesario aplicar, o se puede aplicar menos”, destacó.
Gracias a estas mejoras, la inversión puede recuperarse con un incremento relativamente bajo en la producción. “En el tomate, un aumento del rendimiento del 0,5% al 0,7% permite recuperar la inversión. En cultivos como la frutilla, un 1% más de rendimiento también es suficiente”, detalló.
En una primera fase, Vivent Biosignals buscará colaborar con productores tecnificados, multiplicadores de semillas, empresas procesadoras de alimentos y establecimientos de cultivos de alto valor en Argentina. En cultivos extensivos, no será necesario instalar sensores en cada hectárea; se seleccionarán plantas representativas y la información se complementará con imágenes satelitales.
Para acceder a esta tecnología, los productores deberán adquirir los equipos y abonar una suscripción al software. Derossi mencionó que, por ejemplo, una instalación inicial de dos kits de ocho sensores oscila entre 10.000 y 15.000 euros, incluyendo colocación y suscripción. Los equipos tienen una vida útil comprobada de al menos tres años, y la empresa está evaluando la opción de ofrecer alternativas de financiación en Argentina a plazos de hasta 36 meses.
Las primeras instalaciones en el país están previstas para septiembre, utilizando sensores provenientes de Holanda. Sin embargo, la compañía también proyecta iniciar la producción de estos equipos en Argentina en 2027, con el objetivo de abastecer el mercado local y otros puntos de América Latina desde el país. “La idea es que este mismo hardware lo podamos producir aquí en 2027”, concluyó Derossi, al tiempo que la firma ya ha comenzado a buscar posibles fabricantes locales.










