A este panorama se suma un rendimiento inferior en las exportaciones. Un informe de una entidad local, elaborado para el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), detalla que el sector arrocero generó ingresos por US$98,3 millones entre enero y mayo de 2026, lo que representa una caída del 19% en comparación con el mismo período del año anterior. En mayo, las exportaciones decrecieron un 27% interanual y el valor promedio por tonelada disminuyó de US$515 a US$481.
“Es un año bastante complejo“, expresó Luciano Challio, productor arrocero y presidente de una filial de la Federación Agraria Argentina (FAA).
Al explicar la problemática, Challio manifestó que, al momento de planificar la campaña, consideraron un costo del gasoil de aproximadamente $1600 por litro, pero al llegar la cosecha, el precio se había elevado a casi $2400.
“Nos cambió totalmente la ecuación. Eso nos dejó fuera de contexto para poder afrontar la próxima campaña”, afirmó.
El impacto es significativo, dado que la producción de arroz es altamente dependiente del combustible. En la región de San Salvador, detalló Challio, los cultivos se llevan a cabo mediante riego de pozos profundos, y la inundación de lotes puede durar hasta 100 días, lo que conlleva un consumo de entre 400 y 600 litros de gasoil por hectárea. Tradicionalmente, el combustible representaba alrededor del 32% de los costos de producción, cifra que este año ha ascendido al 54%.
Además, el precio del arroz se ha mantenido prácticamente inalterado. “Nos pagan entre 250 y 270 pesos el kilo de arroz cáscara, un valor similar al del año anterior, aunque los costos han aumentado considerablemente”, señaló.
Los cálculos de los productores indican que actualmente requieren de 12.000 a 12.500 kilos por hectárea para cubrir los costos de producción, siendo que el rendimiento promedio en la zona se sitúa en alrededor de 8500 kilos. “Estamos 4000 kilos abajo“, resumió.
El desafío no solo es local, ya que el informe mencionado también destaca una caída en las exportaciones. En el mismo, se indica que el complejo arrocero experimentó una baja del 19% en comparación con el año anterior, con reducciones transaccionales significativas en los últimos meses.
Frente a esta situación, el sector ha buscado alternativas para acceder a financiamiento que les permita viabilizar su actividad hasta la siguiente campaña.
“Hemos presentado solicitudes a autoridades del país y a entidades bancarias para ver si era posible obtener algún crédito que nos permita al menos sobrellevar el año y volver a sembrar, pero hasta ahora no hemos obtenido respuestas”, explicó Challio.
El productor sostiene que el objetivo es conseguir financiamiento con tasas accesibles, ya que se necesita invertir alrededor de US$2300 para sembrar una hectárea de arroz. “Con algún crédito para capital de trabajo podríamos sembrar. Creemos que el año que viene el mercado se va a ajustar”, agregó.
Esta esperanza se fundamenta en las proyecciones internacionales. Challio menciona que India, el mayor exportador mundial de arroz, enfrentaría una menor producción por efectos climáticos, y que Estados Unidos ha reducido el área sembrada. Asimismo, compradores de Centroamérica siguen interesados en el arroz argentino gracias a su calidad.
“El arroz argentino tiene muy buena calidad. Colaboramos con instituciones para desarrollar tecnologías que incluso se exportan. El problema no es la producción, sino la falta de capital para continuar produciendo”, enfatizó.
La preocupación no solo se limita al sector productivo, ya que afecta también a la estructura económica de la región. Challio recordó que hace más de dos décadas existían cerca de 900 productores de arroz, y hoy solo quedan alrededor de 135.
“Cada vez somos menos. Hay una concentración de la actividad, y este año, lamentablemente, podríamos llegar a la mitad de los productores”, alertó. En San Salvador, alrededor del 70% de toda la cadena arrocera, desde la siembra hasta la industrialización, se lleva a cabo en la región, lo que demuestra que la crisis va más allá de los productores y comienza a afectar el empleo. “Ya hay despidos en los molinos arroceros debido a que los números no cierran”, precisó.
Ante esta coyuntura, varios productores están considerando reemplazar el arroz por otros cultivos, aunque Challio advierte que esta opción no es sencilla.
“Estas tierras son óptimas para el arroz. Podríamos cultivar algo de soja o maíz, pero no tienen el mismo potencial, además de que esos cultivos no generan el valor agregado que produce el arroz. Aquí el arroz se seca, se industrializa y se mueve toda una cadena”, aclara.
Concluye afirmando que el fondo de la problemática no radica en la capacidad de producción. “Somos muy buenos produciendo, pero actualmente estamos quedando fuera de juego”.









