Desde el punto de vista del derecho internacional, el cambio de la designación de embajador a encargado de negocios representa un deterioro en la relación bilateral. La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, establecida en 1964, regula las interacciones entre Estados mediante sus representantes oficiales en otros países.
El Artículo 1 define al “jefe de misión” (término técnico y legal para embajador) como la máxima autoridad de una representación diplomática, responsable de proteger a su Estado, de negociar con el país donde se encuentra y de promover relaciones entre ambas naciones. Por otro lado, el encargado de negocios es un diplomático de menor rango, que ocupa el puesto en caso de vacante del jefe de misión o cuando este no puede cumplir sus funciones. De acuerdo al Artículo 19, este cargo es ad interim, es decir, provisional.
Además, el embajador presenta sus credenciales directamente al jefe de Estado del país anfitrión, mientras que el encargado de negocios debe acreditar su posición ante el ministro de Relaciones Exteriores o de Asuntos Exteriores del Estado receptor.
El miércoles pasado, el canciller brasileño, Mauro Vieira, mantuvo una reunión con el embajador Bitelli, quien ya había sido citado a consultas por Itamaraty —el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil— tras las declaraciones de Milei sobre Lula. Después de la reunión, Bitelli fue convocado al palacio del Planalto, sede del gobierno brasileño, donde se tomó la decisión de monitorear la relación bilateral. Sin embargo, casi una semana después, se determinó retirarlo de manera indefinida.
Julio Bitelli cuenta con una trayectoria de más de 22 años en su labor con Argentina, habiendo sido representante de Brasil ante diferentes gobiernos.
El descontento del presidente brasileño aumentó con las recientes tres intervenciones mediáticas de Milei, en las que reiteró que considera a Lula un “ladrón” y “presidiario”. En declaraciones realizadas en diversos medios, aseguró que su opinión se fundamenta en la anulación de la condena de Lula por un “error administrativo” de la Justicia brasileña, sin demostrar la inocencia del mandatario. “Tengo formas horribles pero digo la verdad”, justificó Milei.
Desde el gobierno de Brasil se comunicó: “Tuvimos mucha paciencia, no contestamos, pero consideramos que la repetición de ofensas hacia el Presidente hace inevitable esta decisión”.
Ese mismo día, el canciller Vieira entregó una protesta formal al embajador argentino, Daniel Raimondi, en la que se incluyó la decisión de rebajar el nivel de las relaciones diplomáticas.
Por su parte, la Cancillería argentina expresó en un comunicado su “lamento” por la decisión brasileña de “seguir aislándose del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas” y calificó la medida como “unilateral”. De acuerdo con el mensaje firmado por el canciller Pablo Quirno, el gobierno argentino no tiene intenciones de ordenar el regreso de su embajador, asegurando que nunca respondieron a una diferencia política “con una medida institucional”.










