Este temor, conocido como crematofobia o crometofobia, se manifiesta cuando actividades cotidianas como pagar cuentas o realizar compras se transforman en amenazas. Esta problemática, aunque poco común, puede ser fuente de culpa, estrés y hasta ataques de pánico.
“Hablamos de fobia porque es un miedo irracional ante un estímulo. Un gasto habitual puede provocar un temor desmedido, acompañándose de síntomas ansiosos y crisis de angustia”, explica el psicólogo Jorge Pegoraro. Aclarando, señala que la crematofobia no está reconocida como una fobia específica por la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque se clasifica dentro de las patologías de ansiedad. El término proviene de dos palabras griegas: chrēma, que significa dinero o riqueza, y phobos, que significa miedo.
Hernán reside en la Capital Federal y sufre de esclerosis múltiple, lo que le impide trabajar. Su vida ha estado marcada por un ahorro extremo, que algunos podrían calificar de mezquindad. Desde evitar comprar en kioscos hasta reutilizar máquinas de afeitar, su enfoque hacia el dinero se ha vuelto una cuestión de supervivencia. En ocasiones, se encontraba en restaurantes lujosos y se inventaba excusas para no realizar pedidos.
“Se presenta con gastos importantes, pero también hay quienes experimentan esta fobia ante consumos menores”, observa Pegoraro, quien relata la anécdota de un padre de una paciente con una situación económica holgada que, aún así, se negaba a gastar en alimentos o productos de limpieza. Tener dinero no siempre implica la ausencia de miedo a gastarlo.
Hoy, Hernán reflexiona con desdén acerca de sus antiguas creencias. Asegura: “Ahora me doy cuenta de que viví una vida miserable por nada. Llevarlo al extremo no tiene sentido”. Reconoce que su infancia estuvo marcada por una educación centrada en la escasez, ya que su padre malgastaba el dinero, y su madre, a pesar de tener un buen salario, siempre temía por la seguridad económica familiar.
El psiquiatra Ricardo Corral, del Hospital Borda, señala que quienes padecen crematofobia experimentan alteraciones emocionales que los llevan a evitar gastos, incluso en necesidades básicas. “La angustia que sienten al manipular dinero en efectivo o tarjetas de crédito es más que ser solo amarretes”, explica.
Las decisiones financieras son constantes, y muchos evalúan con detenimiento el significado de cada gasto, eligiendo ahorrar antes que realizar compras innecesarias. Sin embargo, cuando el miedo a gastar se convierte en una fobia, afecta incluso las relaciones interpersonales.
Los profesionales indican que las causas de la crematofobia son variadas, a menudo relacionadas con traumas vividos, como estafas o quiebras, que provocan respuestas ansiosas ante estímulos relacionados. Corral menciona que esta condición puede estar relacionada con experiencias inevitables en la infancia, donde la escasez extrema genera comportamientos de acumulación.
Algunas personas presentan pensamientos obsesivos que las llevan a creer que, si gastan, se quedarán sin dinero, lo cual puede resultar en elevados niveles de ansiedad y malestar. Hernán recuerda con nostalgia esos años en los que cada decisión de gasto era un tormento, y se pregunta cuánto sacrificio personal tuvo que afrontar.
“Pensá que a lo sumo me daba un gustito cada tanto con un conito de McDonald’s. Ahora que voy a cumplir 50 años, pienso en el presente. Me doy cuenta de que pagué un precio por todo esto”, confiesa.
Eduardo, de 38 años, experimentó algo similar. Desde pequeño, su relación con el dinero fue de fascinación; coleccionaba monedas y encontraba seguridad en su posesión. Sin embargo, la ansiedad por perder ese dinero influyó en su relación con su pareja. “Siempre cuidé la plata y evitaba gastos innecesarios”, dice. Las discusiones con Paula, su pareja, sobre gastos cotidianos lo llevaron a buscar ayuda profesional.
Los especialistas concuerdan en que la terapia cognitivo-conductual es efectiva para tratar este trastorno e incluso se usan fármacos en casos severos de ansiedad. “Debemos explorar el trauma o las enseñanzas heredadas de la familia, y luego trabajar en desafiar ideas irracionales”, comenta Pegoraro, y añade que el proceso de desensibilización ayuda a los pacientes a enfrentar sus temores.
Patricia, una trabajadora municipal, experimentó angustia cuando su situación económica se deterioró. “Se me juntaron cinco boletas de luz y eso me preocupó mucho”, relata. Desde entonces, cada gasto es motivo de cálculo y sacrifício. El psiquiatra Corral advierte que la crematofobia puede ser transitoria, como se observó en la crisis de 2001, cuando la incertidumbre financiera llevó a muchos a evitar gastos. Patricia ha encontrado alivio en ejercicios de relajación.
“La mente siempre puede jugar en contra. Las recaídas son posibles”, concluye Pegoraro. Hernán, por su parte, anhela disfrutar de lo que queda de su vida. “Quiero lo que me queda, disfrutarlo. Si te morís y te sobra dinero, es que hiciste mal los cálculos”, finaliza.










