En España, la representación femenina en el sector del transporte sigue siendo escasa, con solamente entre el 2% y el 3,8% de los perros al volante siendo mujeres. Sin embargo, cada vez más mujeres se atreven a desafiar esta tendencia y se suben a los camiones. Lidia es un ejemplo de esta evolución, impulsada por su pasión: creció rodeada de camiones.
Su historia se remonta a un entorno familiar donde el transporte era habitual. Tras años en un empleo administrativo que no la satisfacía, todo cambió cuando su hermano le habló de la posibilidad de adquirir un camión. Con la formación adecuada y un deseo de cambio, Lidia comenzó a dar forma a su nuevo camino.
En 2023, mientras concretaba la compra de su camión, finalizó su formación para obtener el permiso ADR, que le habilita para transportar mercancías peligrosas, así como el Certificado de Aptitud Profesional (CAP). “Como ya tenía el carnet C, me preparé para sacar también el de tráiler y el de mercancías peligrosas porque tiene muchas salidas y nunca se sabe lo que puede deparar el futuro”, comentó.
Sus primeros meses estuvieron dedicados a rutas dentro de Asturias, donde aprendió a manejar el vehículo y ajustarse a las condiciones de la carretera. Pronto, se aventuró a realizar viajes de mayor alcance a nivel nacional.
Actualmente, opera como transportista autónoma en colaboración con una agencia, viajando a diferentes destinos a lo largo de España. Sus trayectos más comunes incluyen Barcelona, Valencia y Andalucía. La rutina es constante: sale de casa cada lunes y retorna el sábado. Durante la semana, su hogar se convierte en la cabina de su camión, un tráiler de 16 metros al que ha nombrado “Reguerina”.
La normativa del tacógrafo guía su jornada laboral: en algunos casos, pasa hasta nueve horas al volante, con jornadas que pueden extenderse hasta diez, siempre bajo la presión de cumplir con los horarios establecidos. Sus noches las pasa en áreas de servicio seguras o en sitios donde tiene la certeza de que no han ocurrido robos. “Procuro elegir lugares seguros, con vigilancia 24 horas, o sitios donde sé que no ha habido problemas”, detalló.
Gracias a su salario, Lidia ha logrado establecerse económicamente: cubre los gastos de combustible, reparaciones, seguros y su contribución a la Seguridad Social. “No tengo queja. No vivo al día”, aseguró.
A pesar de los desafíos y la soledad que puede acarrear la profesión, Lidia afirmó que no cambiaría su labor por nada: disfruta de la oportunidad de viajar, explorar nuevos lugares y abrazar la libertad que brinda la carretera. El aislamiento no le resulta un peso, y respecto a la cultura machista en el ámbito, su experiencia ha sido positiva: “Nunca recibí comentarios machistas ni nada por el estilo. Al contrario, si llego a una fábrica que no conozco o tengo que hacer una maniobra complicada, siempre hay algún hombre dispuesto a ayudarme.”










