Con 29 años y residente en Daireaux, Santiago vive con síndrome de Down. Además de desempeñarse como camillero en el Hospital Municipal Dr. Pedro Mario Romanazzi, forma parte del cuerpo de Bomberos Voluntarios de su ciudad, donde ha alcanzado el rango de cabo primero tras años de dedicación y formación.
Su travesía comenzó cuando un compañero de la secundaria se convirtió en cadete del cuartel, lo que despertó en él el sueño de seguir ese camino. Se preparó, realizó los exámenes y transformó su anhelo en una realidad, complementando su labor en el hospital con su pasión por el servicio en emergencias.
Recordando su historia, Santiago menciona cómo se desarrolló su interés por el cuartel bombero. Durante su tiempo en la escuela secundaria, la figura de su compañero cadete lo inspiró: “Quise ser bombero”, rememora.
Poco después, ingresó al cuartel como cadete y comenzó su formación para cumplir su anhelo. Estudió en la Federación de Bomberos Voluntarios, aprobó los exámenes requeridos y, finalmente, se convirtió en bombero. Al finalizar el secundario, también se capacitó como camillero, realizando su residencia, y desde entonces ha equilibrado ambas vocaciones.
La decisión de Santiago sorprendió a su familia. Inicialmente, su madre, María, se preocupó por los posibles peligros que conllevaba la profesión: “Yo pensé un poco: ‘¿Cómo los bomberos van a tomar a Santiago con síndrome de Down? ¿Qué va a hacer este chico ante un incendio inmenso?’”, revela.
Con el tiempo, las dudas se transformaron en aprendizaje para todos. “Aprendí a soltar, a confiar, a que los bomberos siempre se cuidan entre ellos”, señala María.
El cuartel no solo fue un lugar de trabajo para Santiago, sino que también se convirtió en su segunda familia: “A Santiago le cambió totalmente la vida. Los bomberos siempre me dicen que todos aprenden de él”, afirma su madre. Hoy, aquel temor inicial se ha transformado en orgullo: “Estamos sumamente agradecidos y muy orgullosos de Santi. Siempre le decimos que nos cambió la vida para bien”.
La rutina de Santiago excede la mera respuesta a emergencias. De lunes a viernes, realiza tareas de mantenimiento, limpiando vehículos y equipamiento, y se capacita junto a sus colegas de manera continua. “Estudiamos. Nos formamos”, enfatiza el bombero.
En los operativos, su mayor contribución se ha dado en incendios forestales. Una experiencia que permanece viva en su mente es un incendio que duró 48 horas: “Estuvimos 48 horas en un incendio forestal”, recuerda. Sin embargo, lo que más lo impactó fueron las escenas a su alrededor. “Los animales”, responde al evocar ese momento, recordando cómo diversas especies huían desesperadamente de las llamas. Esa imagen quedó grabada en su memoria.
Después de más de diez años en el cuartel, Santiago declara que nunca ha sentido miedo en un operativo. Ante la pregunta sobre si ha dudado en algún momento de una emergencia, su respuesta es clara y firme: “No”. Atribuye su seguridad al grupo de compañeros que lo respalda cada día.
“En el cuartel realmente formó una familia y todos formamos parte de ella”, asegura María. Con el tiempo, ella también comenzó a colaborar con la institución, formando parte de la comisión directiva, mientras su esposo ocupa el cargo de presidente de la misma. “Es nuestra forma de agradecer y apoyar a los que le dieron un muy buen lugar en la sociedad y en su ámbito laboral a Santi”, expresa María.
Santiago ha transitado desde ser un bombero raso hasta cabo primero, y no piensa detenerse. Al preguntarle sobre su futuro, su respuesta es sencilla: desea seguir siendo bombero, incluso después de jubilarse, como algunos de sus colegas. Encontró en esta profesión no solo un lugar para servir a los demás, sino también una familia que lo acompaña incondicionalmente desde hace 12 años.










