Marull advirtió que el Gobierno “no tiene gran margen para introducir fuertes cambios antes de las elecciones”, y enfatizó que la recuperación económica dependerá en gran medida de una mejora del poder adquisitivo, un aspecto que está profundamente ligado al aumento en la morosidad y a los obstáculos que enfrentan ciertos sectores.
Para el economista, la estrategia gubernamental no experimentará cambios drásticos, ya que “la principal apuesta continuará a la desaceleración de la inflación”.
Consultado sobre si Milei podría ganar las elecciones con el actual panorama económico o si debería realizar ajustes, Marull respondió que podrían hacerse cambios menores pero no considera viables modificaciones significativas. La esperanza de Milei radica en que la inflación siga disminuyendo, lo que permitiría una recuperación de los salarios y, en consecuencia, una mejora en los niveles de actividad.
Se anticipan nuevas medidas como créditos en dólares, créditos UVA y estímulos para que provincias y municipios realicen inversiones. Aunque podría haber transferencias adicionales a las provincias, no se vislumbran transformaciones profundas. A partir de este escenario, el economista considera que el Gobierno puede mantener competitividad electoral.
Respecto a un cambio en el discurso oficial relacionado con los créditos hipotecarios y la noción de “justicia social”, Marull afirmó que el orden macroeconómico que permite recuperar el crédito hipotecario también puede interpretarse en ese sentido, subrayando que “el Gobierno fue duro, pero no desalmado”.
El aumento de la Asignación Universal por Hijo (AUH), que ronda los $150.000 por hijo (alrededor de $450.000 para una familia de tres hijos), junto con la Tarjeta Alimentar y otras ayudas, ha mantenido a los sectores más vulnerables durante el ajuste.
Frente al incremento en la morosidad del crédito, se le preguntó al economista si el Gobierno debería tomar una postura más activa al respecto. Marull reconoció que ya está comenzando a abordar el problema, que, aunque no era central en la agenda, ha sido reconocido como un reto que se está empezando a solucionar. Tanto bancos privados como públicos han comenzado a reestructurar deudas, reconociendo pérdidas en algunos casos.
No obstante, destaca que no se trata de un problema sistémico. La morosidad comenzó a incrementarse en 2024, a medida que la inflación disminuyó y los aumentos salariales se alinearon con esa desaceleración; sin embargo, las tasas de préstamos personales se mantuvieron alrededor del 6% mensual, nivel que ha perdurado por aproximadamente dos años. Con tasas de este nivel y un incremento de ingresos del 2%, surge un problema matemático. El origen de la morosidad reside, en gran parte, en la erosión del poder adquisitivo.
En cuanto al impacto financiero, Marull reflexionó sobre por qué es difícil que el riesgo país baje de los 500 puntos. Según él, se ajustó al riesgo electoral del año próximo. Los bonos habían descontado demasiado pronto una reelección de Milei, cuando las elecciones aún están distantes. Esto ha llevado a una desconexión entre el mercado financiero y la economía real, aunque ahora ambos ámbitos parecen ir convergiendo. Si se presentan datos de actividad positivos, es probable que los bonos se valoricen y el riesgo país disminuya.
Sobre los datos de inflación de agosto, Marull espera una mejora y anticipa un índice de alrededor del 1,8% o incluso del 1,7%. Una sorpresa favorable en este indicador podría ser decisiva para el mercado.
En el aspecto fiscal, señaló que la clave está en la reactivación económica, constituyendo el gran reto del Gobierno: reducir la inflación, restaurar los salarios y estimular la actividad. Un crecimiento sostenido podría permitir mantener los frentes fiscales sin necesidad de nuevos recortes.
Reiteró que el poder adquisitivo es el principal factor detrás del aumento de la morosidad, con ingresos que no se ajustan al ritmo de la inflación, lo que complica la situación de las familias. Los gastos deben considerarse junto con los salarios a la hora de analizar la capacidad de pago del consumidor.
Respecto al debate sobre un salario mínimo de $1 millón, Marull considera que no se materializará, ya que muchas empresas no podrían afrontar tal carga. Sin embargo, resalta su importancia como parámetro para diversas medidas y también como un mensaje político.
Finalmente, al preguntarse por las razones detrás de la recuperación lenta de salarios, explica que se debe a las condiciones actuales de la economía. Algunos sectores han enfrentado dificultades para otorgar aumentos salariales debido a altos costos fijos y problemas de rentabilidad. Otros sectores pueden adaptarse mejor a la inflación. La economía se muestra fragmentada, y la situación es diferente según el sector en el que se encuentre cada trabajador.
Para abordar esta fragmentación, Marull concluyó que los sectores están evolucionando. La industria y el comercio se adaptan a nuevas formas de consumo y enfrentan una mayor competencia con productos importados, siendo la construcción uno de los sectores que más apoyo necesita. Por ello, los créditos hipotecarios son fundamentales.










